1 de agosto de 2017

Quemas controladas: todo lo que es necesario saber

Los graves incendios ocurridos a comienzos del 2017 en vastas extensiones de la provincia de La Pampa se produjeron, en buena medida, a causa de la ausencia de un plan de manejo sistematizado de quemas prescriptas.

El fuego es parte del ecosistema presente en la región CREA Semiárida. Los incendios naturales en la época de verano son muy frecuentes en la zona a causa de la acumulación de fuentes vegetales combustibles durante una época húmeda (primavera), seguida por otra estival típicamente seca. Durante la estación cálida son muy comunes las tormentas eléctricas, que son la razón principal –aunque no la única– del inicio de los incendios.

Son dos los factores que han hecho disminuir la frecuencia histórica del fuego en el caldenal: el sobrepastoreo, que elimina o disminuye el combustible fino (pero no el pesado), y la supresión de fuego a través de picadas y caminos o extinción de fuegos incipientes. Estos factores provocaron en las últimas décadas una invasión de arbustivas (piquillín, chañar, molle, entre otras) y renuevos de caldén, que en muchos lugares se han transformado en verdaderos fachinales de baja a nula producción ganadera. Además, las especies valiosas por un manejo inadecuado (pastoreo continuo, sobrepastoreo) han sido reemplazadas, en muchos casos, por pajas de escaso o nulo valor forrajero.

A comienzos de los años ’80 se empezó a investigar el fuego como herramienta de manejo en la zona. Y en 1985 se instaló una red de transectas fijas en los establecimientos del CREA Carro Quemado-Luan Toro (que contó con la supervisión de los técnicos Enrique Llorens y Ernesto Franck). Se trató de una experiencia muy interesante en la cual se generó un gran caudal de conocimiento sobre el tema.

Antecedentes

En las empresas que integran el CREA Utracán, el 90% del recurso forrajero es pastizal natural, buena parte del cual se encontraba invadido por arbustivas, además de registrar un incremento marcado en la densidad y cobertura de pajas de bajo valor nutricional para el ganado vacuno.

Para corregir esa situación, se estableció un programa de quemas controladas para cada campo a partir de 1990 (el mismo año de fundación del CREA Utracán). Los resultados logrados desde entonces fueron muy satisfactorios. Podemos afirmar que, con esa herramienta de manejo, además de otras como distribución de aguadas y apotreramientos, hemos logrado incrementos de receptividad superiores al 60%, con manejos rotativos que contemplan una quema cada cuatro años (lo que implica que en los últimos quince años algunos potreros han sido quemados en tres oportunidades de manera controlada).

Beneficios

El fuego controlado es la forma más económica de mejorar el pastizal natural al permitir controlar renuevos de caldén y algarrobo, como así también los arbustos acompañantes, de manera tal de lograr una mejor y mayor penetración de ganado en áreas de pastoreo.

Elimina las pajas y los espacios liberados por las mismas son ocupados por especies deseables, como flechillas y poas en invierno/primavera y pasto plateado, penacho blanco y gramilla cuarentona en verano. Las quemas controladas permiten incrementar la calidad y la oferta forrajera, con lo cual la hacienda puede aprovechar el rebrote postquema de especies no palatables, como es el caso de los pajonales en el caldenal. Y también cumple, además, con el propósito de reducir el riesgo de incendios naturales (al eliminar material combustible fino).

También es útil para mejorar el manejo general del ganado, ya que, al abrirse el monte, se pueden recorrer bien los potreros y, a su vez, es posible juntar la hacienda de a caballo, mientras que, en situaciones con alta densidad de arbustivas, eso sólo es posible cerrando las aguadas. En definitiva, es la mejor defensa contra los incendios, ya que, al tener áreas quemadas del año anterior, los focos espontáneos pueden controlarse.

Manejo previo

Previamente a un fuego prescripto, se debe dejar descansar al potrero por lo menos durante una estación de crecimiento para contar con suficiente material combustible fino que asegure que el fuego pueda “correr”. Otra función fundamental del descanso previo es permitir el semillado de las especies útiles para poder contar con un buen banco de semillas en el suelo.

Un fuego controlado en un potrero con buena presencia de ejemplares adultos de caldén, que tenga por objetivo incrementar la oferta forrajera haciendo uso del rebrote postquema de las pajas y reducir la cobertura de los arbustos, debe llevarse a cabo preferentemente entre fines de febrero y principios de abril (se hace en ese período porque las especies que componen el pastizal natural son en su mayoría de crecimiento otoño-primaveral). Las especies principales son flechillas y poas, y, en marzo, cuando se produce su implantación, con la quema se activa su germinación, lográndose así el objetivo deseado, siempre y cuando exista un banco de semillas adecuado. Para lograr un banco de semillas –insistimos– es importante dar un descanso previo a la quema.

En la provincia de La Pampa, las lluvias ocurren principalmente de octubre a marzo, siendo el mes de marzo el mes más seguro para su ocurrencia. Todo fuego deja sobre la superficie del suelo una cantidad de cenizas que constituye un importante aporte de nutrientes. Y es importante que estos nutrientes sean incorporados al suelo, hecho que se logra por intermedio del agua de lluvia porque, de lo contrario, se vuelan por acción del viento.

Los fuegos de primavera no son aconsejables debido a que afectan negativamente a los árboles, pues éstos acaban de formar sus hojas. Además, en esa estación los vientos son intensos, la ocurrencia de lluvias es poco predecible y, por lo tanto, la incorporación de nutrientes es incierta. Por otra parte, el crecimiento de las pajas es intenso, por lo que la carga animal para controlar su crecimiento debería ser excesivamente alta (de lo contrario se vuelve rápidamente a la situación de prefuego). En esta época no se logra implantación de flechillas y/o poas, con lo cual, con las quemas, no se cumpliría el objetivo fundamental, que es justamente mejorar la oferta forrajera.

Los fuegos en verano tampoco son aconsejables por las elevadas temperaturas que producen. Desde el punto de vista de control de arbustivas puede ser muy efectivo, pero causa mucho daño a los árboles y, además, queda el suelo al desnudo, porque todavía no es la época de germinación de las especies deseables. Además, en esa época puede haber riesgo de erosión hídrica.

Finalmente, la quema de invierno tampoco es aconsejable porque deja el suelo desnudo por mucho tiempo –con riesgo de erosión–, los nutrientes contenidos en la ceniza se pierden o son utilizados de manera poco eficiente por los pastos y el rebrote primaveral de las pajas (al igual que en la quema de primavera) es difícil de controlar.

Metodología

Las condiciones meteorológicas adecuadas para una quema controlada son una humedad relativa del aire del 30% al 40%, temperatura del aire de 20ºC a 25ºC y una velocidad del viento de 15 km como límite máximo. Lo aconsejable es comenzar luego de tres a cinco días de producida una lluvia en la zona. Y en un horario posterior a las 14:00 horas.

El tamaño del sector por quemar debe tener un máximo 600 hectáreas con un contrafuego con un ancho mínimo de 10 metros. En condiciones óptimas, un potrero de esa dimensión tarda unas cuatro horas en quemarse. El personal mínimo para hacer la tarea debe ser de seis personas constantemente intercomunicadas.

La quema debe siempre iniciarse en forma contraria a la dirección del viento. Después que se haya quemado una franja de 50 a 100 metros –dependiendo de la intensidad del viento– se comienza a prender fuego por ambos laterales en la forma más rápida posible. Una vez completados los laterales, se larga la quema a favor del viento (o sea, del lado opuesto al que se inició). Es muy importante hacer una recorrida periódica y final alrededor del potrero para ir apagando todos los troncos que pueden estar aún prendidos en las orillas.

El manejo posterior a la quema es un tema importante, ya que del mismo depende el éxito (o fracaso) a mediano/largo plazo de la quema. Si el objetivo deseado es controlar leñosas y no existieran en el potrero abundantes pajonales, lo más aconsejable sería diferir la pastura hasta por lo menos una estación de crecimiento (quizás hasta mediados de octubre). Pero en los casos donde se presentan problemas de empajamiento se debe pastorear el potrero apenas rebroten las pajas, hecho que ocurre unas dos semanas después de la quema; el pastoreo debe hacerse con altas cargas, porque ese forraje resulta de muy buena calidad y su aprovechamiento reduce el vigor de las pajas (impidiéndoles un desarrollo normal). En la primavera también se debe seguir pastoreando el potrero con el objetivo de seguir controlando los rebrotes de pajas (las flechillas no son afectadas por el este uso debido a su bajo porte). El descanso que sí es muy importante es el de otoño del año siguiente a la quema, el cual es necesario para vigorizar las flechillas y poas.

Luego de las quemas, si se respetan los criterios básicos de manejo, las mejoras logradas en receptividad son notables, dependiendo siempre de cómo fue la situación inicial en cuanto a arbustización, densidad y cobertura de pajas. En potreros de planicie y valle, hemos logrado pasar de 50 a 100 raciones/ha con estas prácticas, mientras que en lotes de pendientes, las raciones/ha pueden incrementarse de 20 a 60-70, lo que implica contar con los recursos necesarios para duplicar la producción de carne bovina.

Para realizar la quema prescripta es necesario elaborar un informe técnico en función de los requerimientos legales solicitados por Defensa Civil y la Dirección de Recursos Naturales de la provincia de La Pampa, el cual consiste en la evaluación de la vegetación de los potreros por quemar (densidad y cobertura del estrato arbóreo, arbustivo y herbáceo mediante transectas). Se trata de un trabajo que insume uno a dos días técnicos. Luego se establece un plan de quemas de cuatro años, quemándose un 25% de la superficie total por año. El intervalo entre quemas debe ser como mínimo de cuatro años. El informe lo debe realizar un ingeniero agrónomo o ingeniero en recursos naturales que esté inscripto en la Dirección de Recursos Naturales para realizar dicha tarea.

La implementación de la práctica en la provincia de La Pampa lamentablemente no se ha generalizado. En 2009, cuando se reglamentó y entró en vigencia la Ley 26.331 (Presupuestos Mínimos de Protección Ambiental de los Bosques Nativos), las quemas fueron prohibidas para recién ser reintroducidas en 2014 (disposición 26/14 de la Dirección de Recursos Naturales de La Pampa). Eso fue posible gracias al trabajo realizado por los técnicos Enrique Llorens y Ernesto Franck, con el apoyo del ex CREA Carro Quemado y el CREA Utracán.

En abril de este año participamos del primer Taller sobre Quemas prescriptas en el bosque nativo, organizado en la sede central de Vialidad Provincial (Santa Rosa) por el Ministerio de la Producción de La Pampa y la Facultad de Agronomía (UNLPam). Próximamente se organizará, con la colaboración del CREA Utracán, una jornada a campo para seguir difundiendo la metodología.

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