27 de abril de 2018

Proyecciones sobre la evolución del negocio ganadero

Argentina se encuentra atravesando el fin de un ciclo ganadero acelerado por la sequía. Los precios de la hacienda seguirán retrasándose respecto de la inflación hasta que se produzca el efecto inverso –con el cambio de fase– en algún momento de 2019.

Tal es una de las conclusiones que surgieron esta semana en el primer taller del año del programa FundaCREA Ganadero realizado en la sede central de CREA.

La sequía potenciará la aceleración de la tasa de extracción de novillitos y novillos, la cual, mientras que en el período 2003/2009 se ubicó en un promedio de 71%, en 2010/2015 creció hasta el 92% para alcanzar el 100% en 2016 y ubicarse en 104% en 2017. Para el 2018 se estima que la misma podría alcanzar el 105% (lo que implica que se faenarán terneros una vez liquidado todo el stock anual disponibles de novillitos y novillos).

Si bien la faena de hembras viene aumentando en los últimos meses, como el stock de vientres había crecido mucho en los últimos dos años (producto del cambio de expectativas) el equipo técnico de la Comisión de Ganadería de CREA –integrado por Fermín Torroba, Matías Bodini y Milagros Sobredo– estima que este año no se ingresará aún en una fase de liquidación de vientres. Aunque es probable que la misma se inicie en algún momento del año que viene.

Existe una marcada correlación histórica entre la faena y los precios de la hacienda. A fines de 2017 –antes de tener noticias de la sequía que venía en camino– se proyectaba para 2018 una producción argentina de carne vacuna del orden de 2,80 millones de toneladas res con hueso, pero ahora esa previsión aumentó para ubicarse en un rango de 3,0 a 3,10 millones de toneladas, lo que tiene –obviamente– un impacto directo en los precios de la hacienda. Sin embargo, si en 2019 se inicia un proceso de liquidación de vientres, puede esperarse el efecto contrario (ver gráfico 1).

Gráfico 1. Relación entre la producción de carne vacuna anual en millones de toneladas res con hueso y el precio promedio del novillito (rombos azules) en pesos constantes. Proyección inicial del precio promedio del novillito en 2018 (círculo naranja), ajustado por el efecto sequía (rojo) y previsto cuando se produzca el cambio de ciclo ganadero (verde).

“No todos los integrantes del sector ganadero argentino se dedican a la actividad para maximizar renta; muchos animales están en manos de personas que solamente buscar realizar tenencia de un activo, negocios impositivos o bien se trata de economías de subsistencia. Las características múltiples que tienen los integrantes del sector hacen que la modificación de las variables del sector no sea sencilla”, añadió.

En el período 2006/2016 el peso medio de faena promedio de Uruguay y Argentina fue de 221 y 245 kilos respectivamente. “Para que la Argentina alcanza el mismo peso medio que Uruguay, todos los terneros y novillitos a nivel nacional tendrían que faenarse como novillos; no se trata de una tarea sencilla”, indicó Matías Bodini. “El peso medio de faena es por dónde crecieron muchos de los principales países productores de carne vacuna, tales como EE.UU. y Australia, además de Uruguay”, añadió.

Uruguay produce mayormente novillos porque la mayor parte de su producción de carne se destina al mercado internacional, mientras que, en el caso argentino, la exportación no llega a cubrir el 10% de la oferta total. Existen otras alternativas para promover el aumento del peso de faena –como, por ejemplo, instrumentar una maduración obligatoria de la carne durante un período de tiempo– pero las mismas agregan costos a la cadena de valor.

“Uruguay, al ser una nación eminentemente exportadora, tiene una oferta interna de 12,5 kilos de asado por habitante (por año), mientras que en la Argentina esa proporción es del orden de 5,0 kilos. Eso porque el asado es un corte muy difícil de colocar en mercados externos, de manera tal que es preferible ofrecerlo en el mercado local”, explicó Matías.

Los técnicos CREA explicaron que es importante conocer la dinámica de los ciclos ganaderos para poder anticiparse a los mismos, dado que, si bien no es posible advertir el momento preciso en el cual ocurrirán, sí es posible evidenciar la tendencia de los mismos (ver gráfico 2). La historia reciente muestra que, ante un cambio de ciclo, se producen movimientos abruptos de los precios (gráfico 3).

Gráfico 2. Dinámica del ciclo ganadero proyectada para 2019/2020

 

Gráfico 3. Evolución de la variación porcentual promedio mensual del precio del novillito.

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