27 de julio de 2020

Mucho trabajo por delante

Novedades del Proyecto Plagas CREA-ASA.

“Existe un amplio margen para hacer docencia sobre la importancia de la siembra y correcto manejo de los refugios en soja Bt, además de analizar alternativas orientadas a asegurar la realización de tal práctica”.

Así lo indica Lucas Cazado, responsable del Proyecto Plagas CREA, luego de analizar los resultados de la encuesta SEA-CREA en lo referente al uso de la tecnología Bt en las diferentes regiones agrícolas. El Proyecto Plagas es producto de un acuerdo de vinculación entre el Área de Agricultura de CREA y la Asociación Semilleros Argentinos (ASA).

El 73% del total de 683 empresarios agrícolas CREA encuestados indicaron que sembraron en la campaña 2019/20 al menos un cultivo con tecnología Bt para control de lepidópteros. La mayor proporción de uso –en un 86%– se registró en los casos con superficies mayores a 2500 hectáreas, mientras que en la submuestra integrada por empresarios que produjeron menos de 500 hectáreas el empleo de materiales Bt fue del 60%.

Mientras que el uso de maíces Bt está generalizado en la mayor parte de las regiones agrícolas, la siembra de cultivares de soja Bt se concentra en el norte argentino.

 

Un 80% de los empresarios consultados manifestó que sembró refugios con híbridos de maíz Bt, pero, al evaluar –según las propias respuestas de los encuestados– la distancia, proporción y momento de siembra del refugio, se detectó que un 34% de tales casos no fueron realizados de manera adecuada para garantizar el nacimiento sincrónico de insectos susceptibles que puedan cruzarse con los ejemplares eventualmente resistentes al evento Bt. Por lo tanto, el cumplimiento correcto de esa buena práctica –según los datos aportados por la encuesta– se presentó en el 53% de las empresas.

En el caso de la soja Bt, un 57% de los encuestados indicó haber sembrado un refugio del 20% del área con cultivares de soja no-Bt, aunque apenas un 26% de los mismos fue confeccionado de manera correcta, lo que implica que apenas un 15% del total de los lotes relevados se habría sembrado con refugios adecuados.

“Es destacable que los productores consultados comprenden, en su mayor parte, la importancia de realizar refugios para preservar la vida útil de las tecnologías Bt, aunque en la práctica no se haya hecho correctamente en algunos casos”, explica Lucas.

En el caso del maíz, los planes comerciales de las empresas o la compra obligatoria de híbridos no-Bt junto con los Bt también fueron detectadas como metodologías que contribuyen a promover la realización de refugios.

Cuando se analizan los factores que intervinieron en la decisión de no realizar refugios, en el caso de la soja aparecen cuestiones relacionadas con la falta de disponibilidad de genotipos no-Bt equivalentes a los Bt.

“Al no haber, como sucede en el caso del maíz, venta de materiales no-Bt asociadas a la soja Bt, se restringe en muchos casos la posibilidad de hacer el refugio, dado que no todos los empresarios agrícolas cuentan con cultivares no-Bt que puedan resultar equivalentes a la soja Bt en términos de potencial de rendimiento y ciclo de madurez”, remarca Lucas.

“El segundo factor en importancia es la escala, dado que aquellos que siembran una menor superficie de soja Bt consideran que sembrar un 20% con otra variedad se demasiado complejo en términos tanto logísticos como comerciales”, añade.

En cuanto a la práctica del monitoreo de plagas, un 30% de los encuestados que indicaron haber sembrado maíces Bt señalaron que no monitorearon el cultivo durante el ciclo 2019/20. “Existe una proteína de un híbrido de maíz Bt que muestra un alta eficacia en el control de lepidópteros y algunos consultados consideran que, debido a eso, no es necesario realizar monitoreos, algo que es preocupante porque tal práctica debe hacerse en cualquier circunstancia para evitar imprevistos”, apunta el técnico CREA.

 

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