27 de febrero de 2019

Las dos caras de la producción ovina

Cómo se vive la actividad en la zona pampeana

La producción de ovinos constituye una alternativa disponible para empresas agropecuarias de pequeña escala. Cuenta con ayuda estatal, pero al no disponer de una demanda constante y articulada, exige desarrollar un gran esfuerzo comercial.

Tal es la experiencia de Inés Alvano, empresaria integrante del CREA G7 (región Mar y Sierras), quien junto con su esposo Jorge –un asturiano que se animó a dejar España para comenzar una nueva vida en el partido bonaerense de Azul– reside y vive de un campo de 357 hectáreas aprovechado de manera intensiva.

“En el campo siempre hubo una majadita Corriedale para consumo. Cuando nos hicimos cargo del establecimiento, decidimos mejorar la genética y compramos carneros a cabañas de la zona”, recuerda Inés, quien es ingeniera agrónoma. Posteriormente comenzaron a incorporar sangre de PampINTA por su alta prolificidad (en rodeos puros permite obtener 160 corderos por cada 100 ovejas) y precocidad (con una adecuada alimentación, las corderas nacidas en agosto van a servicio en marzo, mientras que con otras razas es necesario esperar hasta el año siguiente).

Hasta el año pasado, la actividad ovina ocupaba cuatro hectáreas de raigrás anual y lotus, ocho de campo natural y otras cuatro de un bajo dulce. Pero este año incorporarán nueve hectáreas más del sector bajo para derivar un aumento previsto de la majada (el cual está proyectado en torno a los 200 vientres entre ovejas y corderas que van a primer servicio).

“Lo primero que hicimos fue estacionar el servicio y concentrarlo en uno solo en el otoño, que se concreta entre marzo y abril. Esa época es la recomendada para obtener más partos dobles y triples, ya que el fotoperíodo de días que se acortan se correlaciona con la multiovulación de las ovejas, y por ende, con más mellizos”, señala Inés.

Además, implementaron un sistema de flushing nutricional preservicio donde las ovejas, además de acceder a lotes con buena disponibilidad de pasturas, reciben suplementación con grano de maíz o silo. Los carneros se colocan en un lote lindero al de las hembras para estimular la producción de semen.

“El conjunto de estas prácticas nos llevó a obtener un 98% de preñez total, siendo de 95% en 30 días, así como una parición de 140% y corderos señalados entre 125 y 130%, dependiendo de las condiciones climáticas del año”, indica la empresaria.

En 2017 ingresaron al Programa Ovino de la Provincia de Buenos Aires, a partir del cual lograron obtener un crédito –con tasas de interés subsidiadas– para comprar hembras y un macho de pedigree destinados a crear una cabaña inscripta, además de montar una manga y corrales nuevos. También construyeron un pequeño tinglado para el resguardo de las ovejas recién paridas (uno de los momentos críticos de la cría ovina).

Al no haber un mercado consolidado del producto, la comercialización es el aspecto más crítico de la producción ovina. Los frigoríficos habilitados en la zona pampeana son escasos. Y también la información disponible: el Ministerio de Agroindustria de la Provincia de Buenos Aires publicaba un informe mensual con valores de referencia de corderos y ovejas con destino a faena, pero fue discontinuado en junio de 2017. A nivel nacional tampoco existe ninguna publicación al respecto.

“Teníamos planes de aumentar la majada para poder vender los animales directamente al frigorífico; sin embargo, los precios ofrecidos no permitían cubrir el costo de la operación, por lo cual se optó por realizar ventas a nivel local con una carcasa de 18 a 22 kilos”, señala la empresaria. Aun así, la comercialización artesanal les exige un esfuerzo enorme tanto en carga horaria como en paciencia.

“Desde que comenzamos a incorporar la majada dentro de la gestión CREA, los resultados han sido más o menos estables todos los años, dando un margen bruto equivalente a unos 200 kg/ha de ternero. Si tenemos en cuenta que un campo de cría promedio de nuestra zona está ligeramente por encima de los 100 kg/ha, se trata de una actividad atractiva para un campo de pequeña escala”, asegura Inés.

Otro de los inconvenientes que presenta la actividad es la dificultad para encontrar veterinarios especializados en manejo de rebaños, parasitosis y enfermedades de los ovinos.

 

Ganadería

La mayor parte de la superficie del establecimiento (321 hectáreas) se destina a la ganadería de ciclo completo, mientras que otras 20 hectáreas se emplean en la producción de maíz para consumo propio (tanto en forma de silaje, diferidos y grano para suplementación y terminación de novillos).

La actividad comenzó en 2010 –al fallecer el padre de Inés– con 39 vacas, 60 novillos y 30 ovejas Corriedale. “El planteo del campo era netamente invernador, efectuando la producción de novillos a partir de terneros de compra. Ese año, al modificarse notablemente la relación ternero/novillo –que volvía imposible la reposición– se decidió migrar hacia un ciclo completo. Mientras duró esa transición, se capitalizó hacienda de terceros para generar recursos y se sembró a porcentaje para limpiar los potreros que venían de años de seca y se encontraban totalmente enmalezados e improductivos para así poder implantar pasturas”, recuerda Inés. Actualmente cuentan con 200 vientres propios –entre vacas y vaquillonas de 15 meses en servicio– y 70 vaquillonas de 15 meses capitalizadas en servicio.

Debido a que la mayor fuente de ingresos de la empresa es la venta de hacienda, desde que comenzaron a manejar el campo decidieron hacer dos rodeos con servicios diferentes: uno de primavera y otro de otoño. “Si el año no acompaña, hacemos entore de 18 meses en lugar de 15, de manera tal de repartir las ventas a lo largo del año para así poder manejarnos mejor financieramente e intentar salir de fechas en las que por la mayor oferta los precios se deprimen”, apunta.

Los terneros, machos y hembras de primavera se recrían juntos en verdeos de raigrás y avena con suplementación de grano de maíz al 0,5% del peso vivo. En el presente ejercicio hicieron silaje de maíz para reemplazar al grano. Además, la recría comenzó a realizarse con parcelas diarias que reciben pastoreo horario en un potrero sembrado con avena, cebada forrajera y raigrás en el sector bajo, el cual es complementado con silaje de maíz. “Como la producción forrajera fue buena, se logró mantener una carga de 4,5 cabeza/ha”, afirma.

En mayo/junio se venden las terneras que no van a reposición –en caso de que no sea negocio engordarlas– y en septiembre se separan las que van a servicio, mientras los machos continúan la recría. En ese momento se hace una selección, por medio de la cual, si se detectan terneros que no engordan al ritmo del resto de la tropa, se los vende en remates locales. Entre diciembre y febrero se encierran los novillos durante un promedio de 60 días para comercializarlos en su mayor parte en el Mercado de Liniers con pesos superiores a 440 kilogramos.

El servicio de otoño es corto: se ofrece en los meses de junio y julio. En función de la oferta forrajera, se desteta entre octubre y enero. El 100% de las terneras se destina a reposición para entore de 18 meses en la primavera siguiente, mientras que el macho se recría y se termina a corral para venderlo entre julio y agosto.

El porcentaje de preñez promedio es de 93% en vacas y de 95% en vaquillonas inseminadas y con repaso. La producción de carne bovina se encuentra estabilizada entre 200 y 210 kg/ha.

“La empresa creció mucho en los últimos años, desarrollo impulsado en gran medida por la innovación. Los pequeños productores, que viven y trabajan en el campo, suelen ser los primeros interesados en adoptar tecnologías y procesos orientados a eficientizar tareas. De este modo, gestionan mejor su tiempo e introducen un cambio positivo en su calidad de vida”, comenta el asesor del CREA G7, Matías Bodini.

 

La nota completa forma parte de la edición de febrero de la Revista CREA

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