9 de enero de 2019

La salud del suelo es parte del negocio

Un manejo sostenible liderado por una empresa CREA de la zona Centro

“Invertir en el capital suelo es clave en el negocio agrícola. Ofrecer aire, carbono y circulación de agua contribuye a la creación de vida en la tierra, y eso determina que muchas cosas se pongan en marcha para promover la productividad de los cultivos de manera sostenible”.

Así lo indica Germán Alonso, administrador del establecimiento Monte Hermoso, localizado en las inmediaciones de la localidad cordobesa de Gral. Levalle e integrante del CREA Melo-Serrano ubicado en la región Centro.

El campo cuenta con 1850 hectáreas, el 100% de las cuales se encuentra en siembra directa desde hace 20 años. Los suelos tienen entre 60-80% de arena, con contenidos de materia orgánica que varían desde 1 a 1,5%. Además, algunas zonas del establecimiento tienen poca influencia de napa (más de 3 metros), por lo que las prácticas de manejo orientadas a incrementar la infiltración son críticas para ayudar a guardar cada milímetro de agua que llueve.

La rotación agrícola consiste en soja de primera, centeno de cobertura, soja de segunda y maíz. “No estamos en una buena zona para sembrar trigo, y las experiencias con ese cultivo arrojaron resultados muy variables; por ese motivo, decidimos incorporar centenos de cobertura para asegurar que el suelo tenga una provisión suficiente de raíces vivientes durante el invierno”, indica Germán. Y además, explica que “La salud del suelo siempre fue parte de nuestra gestión agronómica. Promover ese equilibrio nos permite sufrir una menor presión de malezas y así reducir la cantidad de aplicaciones”.

La estrategia de fertilización consiste en aplicar todo el fósforo en las gramíneas (centeno de cobertura o maíz) y no fertilizar la soja. Por lo general, se utilizan 50 kg/ha de superfosfato triple a la siembra del centeno para luego, cuando el cultivo tiene sus primeras hojas, volear aproximadamente otros 100 kg/ha más del mismo fertilizante. En maíz, en cambio, se volea en invierno una cantidad variable según la aptitud de los ambientes presentes en cada lote, con una dosis que puede variar de 0 a 150 kg/ha de superfosfato triple. “Esta forma de fertilizar se emplea desde hace más de cinco años. Siempre tuvimos mejor respuesta en la soja comparada con una fertilización a la siembra de la oleaginosa”, remarca Germán.

El centeno potencia mucho la inversión en fósforo; el cultivo lo asimila rápidamente para ponerlo a disposición en forma orgánica, lo que permite tener mayor disponibilidad de este nutriente en un plazo más extenso. “Diversas investigaciones muestran que en los mejores casos, solo un 15 a 20% del fertilizante fosforado es utilizado por las plantas durante el primer año, mientras que el resto queda en el suelo. Por esa razón, fertilizar un cultivo de cobertura es una estrategia ganadora, dado que incrementamos la disponibilidad del nutriente para el cultivo comercial, además de promover el desarrollo del cultivo de cobertura que incrementará el valor del activo suelo al aportar biomasa, infiltración y carbono, entre otros recursos”, indica el empresario CREA.

“Es importante tener raíces vivientes todo el año, porque en siembra directa es la única forma de mantener y crear estructura para el cultivo siguiente. Hoy sabemos cómo manejar los centenos de cobertura a nivel de campo; sabemos cómo actuar en caso de años secos y años húmedos, lo que nos permite obtener muy buen retorno económico sobre la inversión que realizamos”, añade. Y agrega que “La inversión en el patrimonio suelo, además de asegurar la conservación del valor de un activo clave, permite promover mejoras productivas que contribuyen a mejorar los números de la empresa”.

 

La nota completa forma parte de la edición de septiembre de la Revista CREA

Compartir en
FacebookTwitterWhatsAppLinkedIn
También te puede interesar