12 de septiembre de 2019

La nueva empresarialidad

Cómo es el perfil de las nuevas generaciones de emprendedores agropecuarios

Las organizaciones que perduran son aquellas que permiten cumplir las expectativas de sus miembros en entornos cambiantes. Los fundadores de CREA tienen, posiblemente, estilos diferentes de los que tenía la generación que los precedió. Y los que vienen detrás también tienen particularidades propias de la época. Sin embargo, todos tienen algo en común: la convicción de que compartir conocimientos entre pares, de manera sincera y transparente, nos hace mejores personas y eso contribuye a generar empresas más sólidas y sostenibles en el tiempo.

 

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En 2009, los padres de Ignacio Lozano, junto a sus tíos y a un amigo de la familia, compraron una finca en el norte de Córdoba con el propósito de realizar una inversión orientada a generar una renta jubilatoria. Allí plantaron 16 hectáreas de nogales, 5 de vid y 1,5 de almendros.

La finca está localizada en la zona de influencia del pueblo San Pedro Norte. “Se trata de una actividad no convencional para la zona”, explica Ignacio, quien se incorporó a la empresa en 2012 luego de recibirse de ingeniero agrónomo. Su hermana Daniela trabaja en el área administrativa de la firma, mientras que una prima, Florencia Lozano, se ocupa de la gestión comercial junto con Agustín Carbel.

Una vez que el viñedo alcanzó la madurez productiva, decidieron montar una pequeña bodega (Del Gredal) que en 2017 generó una primera partida de 20.000 botellas de Malbec, Cabernet Sauvignon, Syrah, Bonarda, Pinot Noir y Sauvignon Blanc. La producción se comercializa a nivel regional.

Los primeros tiempos no fueron fáciles. Al tratarse de producciones no habituales para la zona, debieron enfrentar algunos retos que, en algunos casos, les generaron muchos dolores de cabeza. Finalmente, en 2015 ingresaron al CREA Nogalero del Norte (Valles Cordilleranos) por recomendación del asesor de la empresa, quien, en aquel momento también asesoraba a dicho grupo.

“El conocimiento técnico que adquirimos al participar del CREA fue impresionante; antes aplicábamos el riego por goteo en los nogales y almendros con mucha frecuencia y durante pocas horas, mientras que al ingresar al Movimiento comprobamos las ventajas de regar de manera más espaciada en el tiempo y durante más horas por día”, relata Ignacio, quien es actualmente el presidente del grupo.

Además, la interacción con otras empresas vitivinícolas de la región Valles Cordilleranos les permitió mejorar la gestión del manejo y la sanidad de los viñedos. “En Córdoba, al no existir una industria vitivinícola, conseguir insumos y repuestos no es sencillo, por lo que la red de contactos y referencias de CREA es fundamental para resolver esas cuestiones”, comenta.

La experiencia de sus pares les permitió solucionar inconvenientes a partir del conocimiento generado por otras empresas más maduras en el rubro. “Nos habíamos propuesto construir un horno para reducir la humedad de las nueces a calidad comercial, pero en el CREA nos recomendaron comprar uno para no renegar con eso y enfocarnos en cuestiones que generen valor en la empresa”, relata.

La cosecha de nueces y almendros se realiza en el mes de marzo de manera manual por medio de una suerte de caña con la cual se golpean las ramas del árbol para provocar la caída del fruto y posteriormente recogerlo. La humedad de cosecha suele ubicarse en un rango de 18 a 20%; debe ser reducida durante prácticamente un día hasta lograr un nivel del 8%.

La producción de frutos secos se comercializa a granel en la ciudad de Córdoba –que se encuentra a 180 kilómetros de la finca–, aunque tienen en carpeta un proyecto para comenzar a vender tanto las nueces como las almendras fraccionadas con una marca propia.

La finca se encuentra dentro del circuito del “Camino Real al Alto Perú”, que, durante la época colonial, constituía la principal vía comercial entre el Virreinato del Río de la Plata y el Alto Perú. La Agencia Córdoba Turismo revalorizó el itinerario de ese camino en un trayecto de 176 kilómetros que se extiende desde la localidad de Colonia Caroya hasta el límite con la provincia de Santiago del Estero.

“En nuestros planes de corto plazo está la construcción de instalaciones para recibir turistas interesados en el valor histórico y gastronómico de la zona. Contamos con un rebaño de ovejas, lo que nos permite ofrecer platos preparados con cortes ovinos, nuestros propios vinos y postres elaborados con nueces y almendras”, concluye Ignacio.

 

El artículo completo puede verse en la edición de septiembre de la Revista CREA.

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