13 de noviembre de 2020

Hacia un uso sostenible de los suelos

Estudio en la región CREA Chaco Santiagueño.

En los últimos años los rendimientos del maíz en la región CREA Chaco Santiagueño comenzaron a evidenciar niveles inferiores a los potenciales en diversas zonas agrícolas. El fenómeno ocurrió particularmente en lotes con más de quince años de agricultura continua.

Por ese motivo, a fines de 2018 se inició el Proyecto Suelos de la región Chaco-Santiagueño, el cual, coordinado por Ramiro Elizalde (vocal regional), Luis Robles Terán (asesor del CREA Guayacán) y Federico Fritz (Área de Ambiente CREA), involucró a 56 empresas de ocho grupos CREA y a seis tesistas de grado de la Cátedra de Edafología de la Facultad de Agronomía de la UBA.

Desde entonces se muestrearon más de 230 sitios con diferentes historias de uso y manejo postdesmonte en cinco estratos –hasta el metro de profundidad– con el propósito de estudiar el efecto del cambio de uso del suelo y de diferentes prácticas agronómicas sobre la calidad y sostenibilidad de los suelos de la región.

En algunas situaciones, especialmente en lotes con más de dieciséis años de historia ganadera, se detectaron niveles de pH inferiores al nivel de equilibrio (6,5), mientras que los niveles de fósforo extractable –como era esperable– resultaron ser decrecientes a medida que aumentaba el período de uso del lote ganadero o agrícola.

“El cambio de uso incrementó también la densidad aparente al pasar de valores de cercanos a 1,0 gramo/cm3 en montes a valores promedio de casi 1,2 gramo/cm3 en lotes de más de dieciséis años de uso productivo”, explica Federico Fritz. “Eso se explica fundamentalmente por las disminución de la materia orgánica, del tránsito de la maquinaria y de la presión que ejerce el ganado”, añade.

También se evaluó la estabilidad estructural de la capa superficial del suelo a través del método de Le Bissonnais, donde se detectó que los suelos con uso agrícola –especialmente los de mayor antigüedad– eran los más inestables, lo que implica un mayor grado de vulnerabilidad frente a procesos de encostramiento, disminución de la infiltración y almacenamiento de agua, aumento de la escorrentía y erosión hídrica.

Otro de los datos aportados por el estudio es la medición de una mayor pérdida de carbono orgánico en aquellas situaciones con menores rotaciones de cultivos. “Los mayores valores de carbono orgánico se dan en casos en donde hay mayor cobertura permanente a partir del aporte de residuos tanto aéreos como subterráneos; ese indicador está relacionado con una mejor calidad química, física y biológica del suelo”, afirma Federico.

Si bien el técnico CREA recordó que una mejor calidad edáfica (química, física y biológica) asegura un sistema productivo menos vulnerable frente a los agentes de erosión, además de mejorar la dinámica hídrica y de nutrientes, sostuvo que esa metodología en Chaco Santiagueño constituye un desafío frente a los inviernos secos que suelen presentarse en la región (como el que ocurrió este año 2020).

“Determinar el grado de vulnerabilidad de los suelos de la zona es una cuestión central para identificar las prácticas de manejo que permitan hacer un uso sostenible del recurso, para lo cual es fundamental establecer un punto de partida de parámetros edáficos”, indicó el técnico CREA.

El presente artículo completo puede leerse en la última edición de la Revista CREA.

Compartir en
FacebookTwitterWhatsAppLinkedIn
También te puede interesar