29 de agosto de 2018

El valor de la información genética

Por qué debe ser mejor aprovechado en ganadería

Siempre que un productor elige una bolsa de maíz, lo hace en función de factores objetivos, tales como el rinde potencial, el ciclo o la resistencia a plagas. Lo mismo debería ocurrir al seleccionar un toro. En el primer caso, una mala elección puede revertirse en la campaña siguiente, pero en genética animal algo así puede llevar varios años.

Los empresarios ganaderos somos parte de una cadena de valor cuyo objetivo principal es generar carne vacuna que sea satisfactoria para todos los eslabones de la cadena. Los criadores, invernadores, feed lots, frigoríficos, cadenas de supermercados y carnicerías tienen necesidades y objetivos diferentes, pero todos tienen en común el hecho de gestionar un producto genético determinado desde el origen por el trabajo de las cabañas.

Las mejoras genéticas se logran a partir de la elección de padres que se encuentran por encima del promedio de una población de referencia. Los diferentes programas de selección genética que se llevan a cabo en la Argentina (como Breedplan en Angus y en Polled Hereford, ERA en Angus, Erbra en Brangus, etc.) procesan datos de mediciones que se obtienen de cada individuo desde su nacimiento y durante su desarrollo, tales como peso al nacer, facilidad de parto, peso al destete, al año, peso final, peso de vaca adulta, docilidad o circunferencia escrotal. También se miden datos de interés para determinar la calidad de la carne, tales como el área de ojo de bife y la grasa de cobertura e intramuscular.

Tales datos –según el sistema empleado– son expresados por DEP o EBV (diferencias esperadas de progenie o valores esperados de cría; este último por sus siglas en inglés), los cuales, con su respectivo indicador de exactitud (en función del carácter y de los parientes evaluados), brindan información sobre la probabilidad de desempeño de los futuros hijos de un reproductor respecto de los demás toros evaluados por el sistema. Se trata, por lo tanto, de una guía para evaluar probabilidad de comportamientos genéticos relativos.

Los cambios genéticos son complejos, porque la modificación de una determinada variable tiene incidencia en otras debido a las correlaciones genéticas presentes en los diferentes “paquetes” de genes. Por lo tanto, al seleccionar a favor de algunas, bien podemos llegar a influir sobre otras favorablemente (por ejemplo: cuando se selecciona a favor de aumentar el peso al destete, se incrementa también el peso al año), o bien podemos producir cambios desfavorables (al seleccionar a favor de más peso al destete, estaremos aumentando también el peso al nacer y las distocias).

En la actualidad, contamos con un volumen de datos gigantesco que nos permite dejar de lado la selección basada en la observación visual y en apreciaciones subjetivas. Sin embargo, otras actividades nos llevan una gran ventaja. Gracias a la mejora genética, la productividad de los sistemas porcinos y avícolas intensivos avanzó de manera significativa en los últimos años.

Ahora bien: pensemos en el trabajo del cabañero: toneladas de recursos en suplementaciones, peluquería y exposiciones ¿Cuál es el aporte de tales acciones a la calidad final del producto? ¿No sería mejor que los ganadores de las exposiciones lo fueran por sus aportes a factores económicos medibles y concretos? ¿No sería más útil para las empresas de la cadena cárnica, y también para los consumidores, que todos esos recursos se invirtieran en la generación de información útil para reducir costos relativos o mejorar la calidad del producto final? ¿Y si tales recursos, muchos de los cuales solamente contribuyen a la formación de grasa (nociva –vale recordar– para la salud reproductiva), se volcaran a las personas encargadas de realizar las evaluaciones genéticas para promover mejoras que puedan ser usufructuadas por los demás integrantes de la cadena de valor (nuevas mediciones, índices de selección, etc.)?

Tenemos un gran camino por delante para mejorar las herramientas disponibles. Por ejemplo, en el CREA Cabañas, junto con investigadores de INTA Anguil y la Fauba, comenzamos a participar de una prueba para medir eficiencia de conversión en bovinos; una vez validados los datos, será posible obtener indicadores genéticos de los reproductores más destacados en ese aspecto clave para invernadores y feed loteros. Los dispositivos utilizados para esas pruebas son “comederos inteligentes”, realizados por el equipo de trabajo liderado por el investigador del INTA, Aníbal Pordomingo, en los cuales diariamente se mide de manera automática el consumo con la ganancia de peso de cada individuo.

Por otra parte, existe un claro desbalance a favor de las características de crecimiento versus las de fertilidad (a pesar de que sabemos que esta variable tiene más importancia en los rodeos de cría que el crecimiento). En la actualidad, como característica relacionada con la fertilidad, solo estamos midiendo la circunferencia escrotal; recién algunos años atrás comenzamos a recolectar datos para medir días al parto (es decir: el tiempo que demora una vaca en parir desde que entró a servicio el toro, según definición del Breedplan argentino). Es hora de obtener más indicadores de características de fertilidad en hembras, tales como el número de folículos antrales en vaquillonas o la pubertad temprana, entre otros.

Tenemos mucho por hacer al respecto, pero sin lugar a dudas, el primer paso es utilizar lo que ya está disponible.

 

Franco Faldini
Integrante del CREA Cabañas (región Sudeste)

 

 

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