4 de diciembre de 2019

El poder de los genes

Pruebas y evaluaciones orientadas a mejorar los sistemas de selección

Así como en la actividad agrícola no existen ya empresarios que elijan semillas solamente por su aspecto, en ganadería debería suceder lo mismo: el aporte genético de los toros, que en definitiva es la semilla de la ganadería, debería seleccionarse en base a criterios científicos.

Por ese motivo las empresas que integran el CREA Cabañas, además de participar de las evaluaciones genéticas sistemáticas llevadas a cabo por las asociaciones de criadores de las diferentes razas, diseñaron una prueba de evaluación de toros abierta a todas las cabañas del país, en la cual se miden, en condiciones constantes, variables de interés genético y económico.

Este año se llevó a cabo la séptima edición de la prueba de toros en la cual se evaluó ganancia diaria de peso vivo (GDPV), fertilidad (calidad espermática y circunferencia escrotal) y medición por ultrasonido de área del ojo de bife (AOB), grasa dorsal (GD), grasa de cadera (GC) y grasa intramuscular (GI). Y fue el segundo año en el cual se testeó consumo residual de alimento (RFI por sus siglas en inglés) en el marco de un convenio de CREA con INTA Anguil y la Facultad de Agronomía de la UBA (Fauba). Se utilizaron datos de 62 toros (44 de la raza Angus, seis de San Ignacio, seis de Brangus, tres de Hereford y tres de Criollo Argentino).

“Las evaluaciones sobre consumo residual vienen a cuestionar muchas cosas de lo que veníamos haciendo hasta el momento, aunque se requieren miles de evaluaciones más para poder llegar a tener DEPs confiables de esa característica”, comenta Martín Vergara, integrante del CREA Cabañas

El consumo residual es una medida de eficiencia alimentaria que se obtiene a partir de la diferencia entre el consumo observado y el esperado; mientras que el primero se releva por medio de un comedero –desarrollado por técnicos del INTA Anguil– que permite recolectar en situación de campo datos de consumo individual de cada toro, el segundo se genera en función de una fórmula que considera el aumento del peso vivo y el peso metabólico de cada animal (ver recuadro). Los animales con mayor eficiencia alimentaria son aquellos con menores valores de RFI, es decir, los que requieren menos cantidad de alimento para poder expresar su potencial productivo respecto de otros ejemplares que necesitan una mayor proporción de raciones para hacer lo mismo.

Martín indica que las diferentes características de interés de los reproductores, además de ser analizadas con una mirada integral, tienen que ponderarse en función del ambiente de producción. “No existe un toro mejor que otro, sino diferentes ejemplares con características adecuadas para distintos ambientes y demandas de mercado; a medida que se avance con la incorporación del sistema de tipificación de calidad de carne bovina, vamos a requerir mucha más información para poder abastecer a las distintas demandas por medio del empleo adecuado de recursos”, explica.

“El hecho de que podamos hacer un trabajo interinstitucional entre INTA, Fauba y CREA sobre un aspecto que en pocos años más promoverá un mayor valor agregado a la ganadería argentina constituye un avance importantísimo”, afirma el miembro del CREA Cabañas.

Consumo residual

Las evaluaciones de consumo residual detectaron elevados niveles de variabilidad entre los 62 reproductores que participaron de la prueba. “Eso implica que existe una oportunidad de selección incluso dentro de una misma cabaña para priorizar aquellos toros que cuentan con una mejor eficiencia de conversión”, comenta Stewart Kambo, integrante de la Cátedra de Bovinos de Carne de la Fauba.

“Un criador se alegró al conocer que uno de sus toros le había ido muy bien con RFI, pero luego descubrió que, si bien pensaba que se trataba de un ejemplar con una destacada área de ojo de bife, la prueba demostró que eso no era así; contar con datos objetivos es crucial para evaluar la marcha de los programas de selección”, añadió.

El genoma de los ejemplares más destacados en RFI está siendo secuenciado en la Universidad de La Plata. Esa base de datos posteriormente será analizada por investigadores de la Fauba con el propósito de determinar marcadores moleculares asociados a buena performance en RFI, de manera tal de contar, en unos cinco años, con un predictor genómico de consumo residual desarrollado a partir de una población bovina de referencia local. Es decir: en el mediano plazo se podría llegar a realizar un test genómico a terneros para poder seleccionar desde el día uno a los ejemplares con mejor eficiencia de conversión.

“En la prueba de toros del año que viene llegarán hijos de toros evaluados con RFI el año pasado. Si bien los resultados iniciales de la experiencia son auspiciosos, aún falta un largo camino para poder consolidar el indicador RFI como una variable más de selección”, apunta Stewart.

Este año además se evaluó un nuevo carácter de interés, el cual, al igual que RFI, es altamente heredable. Se trata de docilidad, variable que fue segmentada en cinco categorías: dócil, inquieto, nervioso, impredecible y agresivo. “La docilidad, además de ser de interés por cuestiones de seguridad del personal que interviene en el cuidado de los animales, muestra una elevada correlación con variables de interés productivo tales como eficiencia neta de conversión, crecimiento y fertilidad”, apunta el investigador de la Fauba.

El presente artículo completo puede leerse en la última edición de la Revista CREA.

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