19 de septiembre de 2019

De Suiza a Ascensión

Qué llevó a Juan Azpelicueta a dejar una prometedora carrera corporativa para ocuparse de la empresa familiar

En 2012, Juan Azpelicueta trabajaba en Suiza como desarrollador de producto de una compañía tabacalera internacional. Por aquel entonces, no imaginaba que unos años más tarde dejaría una prometedora carrera corporativa para vivir en un pueblo bonaerense de 4000 habitantes.

Tras haberse recibido de agrónomo, ingresó a la tabacalera para comenzar a realizar prácticas profesionales. Trabajó en Brasil, Grecia, Turquía y Suiza. Luego regresó a la ciudad de Buenos Aires. Hasta que un día, su madre lo llamó para comunicarle que había fallecido su abuela y que las nuevas accionistas de la empresa familiar agropecuaria –madre y tía– deseaban que comenzase a trabajar en ella.

Los campos de la empresa en la zona de Gral. Arenales y Junín habían sido trabajados desde siempre por el tío abuelo de Juan con el apoyo de un encargado que residía en el campo. “Tomé la decisión por la vocación de hacer crecer a la empresa familiar”, explica Juan, quien poco a poco comenzó a interiorizarse acerca de la gestión productiva de la firma.

Luego de dos años de trabajar en conjunto con su tío, tomaron la decisión –en buenos términos– de realizar una división societaria de la firma. Juan alquiló entonces una casa en el pueblo de Ascensión para estar cerca del campo y comenzar a armar, con gente de la zona, el equipo de trabajo que se integraría a la nueva firma.

“Ingresé al CREA Ascensión en 2016 por recomendación de un ex compañero de facultad que ya formaba parte del grupo, quien me indicó que me sería de gran ayuda para conformar la estructura de la empresa y la implementación de tecnología”, recuerda.

“El grupo es espectacular; el asesor y coasesor fueron esenciales para que pudiese capacitarme, dado que yo venía de trabajar en otro sector, además formar al personal”, añade.

En poco tiempo logró poner a punto el área agrícola de la empresa y mejorar significativamente sus rendimientos, pero los planes para consolidar la unidad ganadera se enfriaron el año pasado a causa de la desaparición de financiación a tasas de interés accesibles para el sector. 

“Tenemos un plantel de cría de 280 madres con potencial para crecer hasta las 400; necesitamos incrementar la escala productiva de la actividad para que sea viable y nos permita pagar los gastos de estructura”, explica Juan, quien adquiere genética de primera línea para mejorar en el rodeo los indicadores de peso al destete y peso al nacer.

Los terneros se recrían en verdeos de invierno para luego ser terminados en corrales con silos de autoconsumo hasta un peso final que, por lo general, se ubica en 350-380 kilogramos. El corral emplea el 100% del maíz producido por la empresa para agregarle valor. 

Entre los planes de la empresa –además de crecer en vientres con rodeo propio– se incluye la construcción de un feed lot para poder terminar una mayor proporción de terneros propios. Para ordenar el papeleo, comparte una oficina administrativa con otra empresa de la zona en la cual una empleada se encarga de gestionar pagos, liquidaciones y cobros. 

“Tenemos lotes de aptitud agrícola con uso ganadero, sobre todo verdeos; las recorridas con el asesor CREA y el veterinario son muy fructíferas porque cada uno tiene visiones diferentes sobre el uso de los recursos”, comenta Juan.

A partir del año pasado, cuando consolidó el equipo de trabajo, el empresario se trasladó a la ciudad de Buenos Aires, aunque viaja todas las semanas al campo. Cada cuatro meses se realizan reuniones de directorio en las cuales Juan informa a su madre y su tía la evolución de la empresa. “A algunas reuniones también concurren mis primos para estar al tanto de cómo se está gestionando la empresa familiar”, expresa.

En la firma se implementaron los “retiros acordados”, una suma mensual fija –ajustada por inflación– que debe destinarse a las dos accionistas. “En la última campaña a causa de los excesos hídricos prácticamente perdimos la soja de segunda, lo nos impactó financieramente, pero tenemos prevista una reserva para cumplir con la retribución de los accionistas en casos de situaciones imprevistas”, afirma Juan. “El sistema de retiros acordados se instrumentó para brindar transparencia y previsibilidad, tanto a las accionistas como a la empresa”, agrega.

“La ganadería es uno de los grandes desafíos que tenemos por delante; estamos trabajando para que algún día logre llegar a ser un negocio exitoso, algo que se vio dificultado por la falta de financiamiento para esa actividad”, concluye Juan.

 

El artículo completo puede verse en la edición de septiembre de la Revista CREA.

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