26 de febrero de 2021

Crecimiento para todos

La experiencia de un integrante del CREA Cuenca en la región Santa Fe Centro.

Donde otros vieron un problema, Ariel Alesso encontró una oportunidad. Quince años atrás este empresario agropecuario inició junto a su padre –luego de una división familiar– en emprendimiento tambero con dos tambos (uno propio y otro alquilado) de unas 150 vacas totales cada uno.

En la zona cordobesa de Colonia Vignaud –entre las localidades de Morteros y Brinkmann– pequeños tambos que salieron de producción comenzaron a ser incorporados, en el marco de contratos de alquiler en litros de leche, a la firma de los Alesso.

Cinco años atrás el padre de Ariel falleció y el tambo familiar pasó a ser arrendado a su madre. Actualmente cuenta con unas 1300 vacas distribuidas en seis tambos que en conjunto suman 1500 hectáreas 100% alquiladas.

“Todos los tambos se encuentran en un radio de 40 kilómetros”, explica Ariel, integrante del CREA Cuenca (región Santa Fe Centro). “Solamente alquilamos tambos pequeños porque son los que se ajustan a nuestro modelo”, añade.

Cada uno de los tambos es gestionado por un matrimonio en el marco de un acuerdo asociativo que contempla el pago de un 11,5% del total de la liquidación mensual de cada establecimiento. Las familias socias se encargan del ordeñe, la guachera y las vacas secas. También cuenta con dos empleados administrativos y otros ocho –uno de los cuales es su hijo mayor– en el sector de maquinaria y recría y engorde de novillos.

“Somos muy estrictos en el cuidado de las instalaciones de los tambos y en el cumplimiento de los plazos de pagos a socios, propietarios de campos y proveedores de insumos y servicios”, comenta Ariel.

Dos veterinarios tienen muy afinada la gestión reproductiva del rodeo de vacas Holando, de manera tal que, cada dos años, pueden llegar a contar con 200 a 250 hembras de propia reposición para ocupar un nuevo tambo –en caso de encontrar una oportunidad al respecto– o bien para vender como vaquillonas. “Trabajamos con vacas de porte pequeño y caminadoras que son funcionales para un sistema de producción de base pastoril”, apunta.

Todo lo producido por el área agrícola de la empresa se destina a las actividades lechera y ganadera. La firma forma parte –en sociedad con otras empresas agropecuarias de la zona– de una pequeña planta de alimentos balanceados, que recibe granos de sus socios para entregar el producto diseñado para diferentes propósitos.

El tambo sustenta la mayor parte de la oferta de alimentos en pasturas base alfalfa complementadas con silo de autoconsumo de maíz y heno de alfalfa. “El silaje y el heno no se ofrecen durante todo el año, sino en los momentos en los cuales las pasturas no cuentan con los requerimientos necesitados por los animales”, comenta Ariel. El balanceado se ofrece en la sala de ordeñe.

En la presente campaña, además de la mala relación de precios leche/granos, buena parte de las reservas programadas para el invierno no van a estar disponibles porque fueron afectadas por restricciones hídricas. Los maíces de primera están muy golpeados, mientras que los tardíos la vienen peleando mejor. Afortunadamente, cuando se veía venir la seca, pasaron parte del área de maíz a sorgo.

“Este año tendremos que emplear recursos propios para salir a comprar granos en un momento en el que el valor relativo de los mismos es muy desfavorable; en ese contexto, vamos a cuidar cada peso, además de cortar inversiones”, remarca el empresario CREA.

El último gran desafío climático del sistema de bajo costo y facilidad de operación fue en 2016, cuando una inundación complicó por demás a la cuenca tambera de la zona central de Santa Fe. “El barro nos hizo perder algunos litros de producción individual, pero logramos salir adelante”, afirma. En condiciones normales, la producción individual promedio anual se encuentra en torno a 22 litros/día por vaca.

La empresa recría y engorda todos los terneros Holando para comercializarlos como novillos con destino al mercado interno. En los últimos años, además, comenzaron a armar un rodeo de vientres Braford –para diversificar actividades e ingresos– que ya cuenta con 180 vacas.

“Tanto en los momentos buenos como los malos hacemos reuniones periódicas con todos los integrantes del equipo para que estén al tanto de los números de la empresa y de las decisiones que se toman para encarar los diferentes escenarios; la comunicación y la transparencia es un aspecto fundamental para generar tranquilidad, especialmente en las situaciones difíciles”, sostiene Ariel.

Diez años atrás, Ariel se sumó al CREA Cuenca. “Es una de las causas, junto con el equipo de trabajo, que explican el crecimiento registrado por la empresa”, afirma. “Estoy muy agradecido por ser parte de la red CREA y siempre digo que el grupo CREA es como una familia, en la cual nos contamos todo de manera sincera, en un marco de confianza, para poder contar con las herramientas necesarias para atravesar los diferentes desafíos que podamos tener cada uno”, concluye.

El presente artículo integra la última edición de la Revista CREA.

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