22 de abril de 2019

CREA, un cable a tierra

Además de ser productora y miembro del CREA Cuña Boscosa, Paula Mitre es concejal de Vera, localidad situada en el norte de Santa Fe. Cómo compatibiliza ambas actividades

Paula Mitre no fue consciente de su vocación por la política sino hasta hace poco tiempo. Tras recibirse de ingeniera en producción agropecuaria en Buenos Aires, se radicó en Vera junto a su marido para involucrarse en el negocio familiar, una empresa ganadera del norte de Santa Fe.

“Quien incentivó en mí esta pasión por el campo fue mi padre. Él adquirió las tierras cuando yo nací, en 1972, junto a mi abuelo y un socio. Luego de algunos años mi madre comenzó a ocuparse de la administración y la comercialización”, recuerda.

Pero no sería hasta 2008, año memorable para el agro, que Paula sentiría el llamado de esa nueva pasión. ¿Qué la llevó a involucrarse en la política y a ser finalmente concejal de su ciudad? ¿Cómo compatibiliza ambas actividades? En esta entrevista, una síntesis de su recorrido, su experiencia dentro del ámbito público, sus aspiraciones y su visión respecto de CREA.

−Su familia es una de las fundadoras del grupo Cuña Boscosa, que ya tiene más de 10 años. ¿Cómo llegaron a CREA?

−En diciembre de 2007, Fabián Cian, productor de Vera y actual vocal de la región Norte de Santa Fe, nos invitó a participar de una reunión CREA. Él conocía el Movimiento porque era director de una EFA (Escuela de la Familia Agropecuaria) en Espín, integrada por miembros del grupo Margarita Campo Alemán, y siempre había tenido el anhelo de crear un grupo en la zona.

Así fue como comenzamos a reunirnos con otros productores; al comienzo, en forma informal. Con el paso del tiempo llegó el momento en que decidimos incorporarnos al Movimiento, elegimos al asesor, y apenas empezamos a funcionar formalmente como grupo, nos tocó transitar la peor sequía en la historia de la región (en el ciclo 2008/09). Eso nos marcó a fuego, porque más allá de la tremenda preocupación que generó, nos consolidó como grupo.

−¿Creés que el hecho de participar de un grupo CREA los ayudó a atravesar la crisis?

−Hoy, a 10 años de esa experiencia, estamos convencidos de que sin las herramientas y la contención que nos brindó el Movimiento en ese entonces, muchos habrían decidido abandonar la actividad.

Además, tuvimos la suerte de que el técnico que nos acompañaba en aquel momento, Martín Sartori, era también miembro CREA. Fue un gran puntal. Podríamos haber tenido un asesor con un perfil más tecnológico; sin embargo, creo que sin el aporte de la metodología –que en él estaba muy enraizada– y con una sequía sin precedentes es muy probable que un grupo recién constituido como el nuestro se hubiera disuelto.

−¿Cómo describiría a su grupo?

−El grupo, que en este momento está integrado por nueve miembros, tiene la particularidad de estar conformado por un promedio de productores de entre 40 y 50 años, muy comprometidos, activos y de una calidad humana extraordinaria. Las reuniones son siempre muy satisfactorias. A veces se exponen, incluso, temas personales; tenemos esa confianza, sinceridad y corazón para decir las cosas, y la apertura necesaria para recibirlas.

 

Descubrir la vocación

−¿Cómo llegó a la actividad política?

−Inicialmente contribuyó el impulso que me dio ser parte de CREA. En aquel momento, el Movimiento transitaba un cambio de paradigma: se hablaba mucho de involucrarse “tranqueras afuera”, de la necesidad de tener mayor presencia en la comunidad, de formar parte de las instituciones. A partir del año 2008, cuando se produjo el conflicto contra la resolución 125, todos entendimos la importancia de participar. Debimos salir de nuestra zona de confort para sumar, entendiendo que eso implicaba un esfuerzo extra; es tiempo que uno le quita a la familia y a la empresa. Así, empecé a participar en la Sociedad Rural local, donde me abrieron las puertas de manera muy generosa. Esa institución, como otras entidades gremiales, necesitaba mayor participación de personas comprometidas con la defensa de los derechos del productor; me sumé a la Comisión Directiva y en diciembre de 2010 asumí como presidente: la primera mujer en la Sociedad Rural de Vera.

−Federico Angelini, diputado provincial y encargado del armado político de la provincia de Santa Fe, te propuso entonces ser candidata a intendente de Vera. ¿Lo tuviste que pensar mucho?

−Me costó mucho tomar la decisión. Primero, porque era un salto grandísimo. De hecho, uno no dimensiona cabalmente a lo que se expone ni los sacrificios personales que tendrá que hacer. En segundo lugar, no soy una persona que haga las cosas a medias. Si me comprometo, es porque voy a dar todo, y eso significaba renunciar a algo para liberar tiempo.

Me decidí a ser candidata y presentamos las listas en febrero 2015. En abril fueron las PASO y en junio las Generales. En tan solo cuatro meses logramos tener un concejal en la ciudad de Vera. Ese fue nuestro primer gran paso.

En 2016 trabajamos fuertemente junto a nuestro concejal, generando actividades, gestionando, desarrollando una tarea política en nuestra ciudad con la impronta que nosotros creíamos que teníamos que darle, poniendo mucho énfasis en el contacto directo con el vecino. Fue un trabajo enriquecedor y difícil al mismo tiempo, porque la función de concejal es limitada ante las múltiples problemáticas que se manifiestan.

Ya en octubre de 2017, presentamos la lista para concejales y me postulé. ¡Fue una elección histórica! Logramos dos de las tres bancas que se renovaban en el Concejo Deliberante con cerca del 45% de los votos.

−Viniendo del sector agropecuario, llevarás a la agenda muchos temas del sector…

−Sí, claro. En un principio, quisimos instalar muchos de esos temas en la agenda, aunque pronto nos dimos cuenta de que había otras prioridades. Vera es una de las ciudades con mayor índice de NBI (necesidades básicas insatisfechas) de la provincia. Fue necesario enfocarse en las gestiones que la gente demandaba en este sentido. Hay sitios donde no hay agua potable, y allí donde la hay, no tiene presión suficiente. Solo tenemos un 25% de viviendas conectadas a la red de cloacas, muchas calles intransitables (solo un 23% de ellas están pavimentadas, un 18% tienen ripio y el resto de calzada natural); faltan veredas, desagües, etcétera.

−¿Cómo te impactó en lo personal empezar a ver esa otra realidad, de la cual quizás no eras tan consciente?

−Cuando tomás contacto directo con familias en situación de vulnerabilidad, es imposible no preguntarse ¿cómo permitimos que haya personas que vivan en esta situación?, ¿cómo puede ser que con los recursos que tenemos y las tecnologías disponibles no se haya resuelto aún la pobreza? Para mí es inconcebible.

Yo creo que tengo que levantar el guante y aceptar este desafío que se me presenta. El desafío de involucrarme, y a través de mi aporte –junto al de muchas otras personas de bien que me acompañan– revertir esta realidad que nos rodea. Aún me quedan tres años como concejal, pero mi idea es postularme el año próximo como intendente. Ese fue siempre mi gran objetivo.

 

Compatibilizar, el gran desafío

−¿Qué opina tu familia de tu decisión? ¿La comparte?

−Mi familia es la que más sacrificios hace, la que más se compromete y la que más colabora. Su apoyo es fundamental. Y como justamente mi familia es todo, el tiempo que yo le dedico a la política tiene que valer la pena sí o sí.

−¿Cómo compatibilizás tu actividad como productora agropecuaria con la política?

−Al principio me costó, porque la política te absorbe, es muy demandante. Hubo momentos en que descuidé la empresa y la familia, pero eso también significó un aprendizaje. Ejercer la gerencia de la empresa familiar es una responsabilidad muy grande. Además, cuando estás acostumbrado a hacer todo y a ponerte en el día diferentes sombreros (el de gerente, el de ingeniera, el de administradora), cuesta delegar. Afortunadamente, aprendí cómo hacerlo…

Lo fundamental es estar acompañada de buenas personas, de gente comprometida, y así armar un buen equipo de trabajo. Y creo que lo estoy logrando. Este año incorporamos un veterinario para que tome a su cargo el área productiva, atienda las tareas en los corrales y haga la recorrida. De todos modos, como nuestro sistema productivo es sencillo, no requiere un seguimiento tan estricto.

−¿Aprender a delegar y a armar equipo también aplica al ámbito político?

−Totalmente. Cuando se construye un proyecto político tenés que rodearte de personas que te acompañen y compartan con vos un mismo objetivo, dejando de lado los intereses personales. También me ayuda –y mucho– la posibilidad de incorporar la metodología CREA a la dinámica partidaria. Eso ordena muchísimo.

 

−¿En algún momento pensaste en dejar la política?

−Hay momentos donde te replanteás las decisiones que tomaste, porque la verdad es que tu vida se modifica sustancialmente. Además, uno queda muy expuesto. Tenés una reputación intachable y de golpe, al entrar en política, todos creen que tienen derecho a criticarte, incluso a calumniarte sin siquiera conocerte. En esos momentos te preguntás ¿vale la pena?

−¿Qué te hace seguir cuando surge esa pregunta?

−Uno piensa en las injusticias que hay, en la pobreza. Cuando uno sale de la realidad más cercana y se vincula con personas de otros sectores, cuando se transitan otros barrios y se conocen realidades que muchas veces lastiman, es claro que la política no se está haciendo bien. Por ello, hay que animarse y participar, ya sea desde la política partidaria o desde otros ámbitos donde uno se siente a gusto, en una institución vecinal o en una cooperadora. Hay que aportar un granito de arena para que esa injusticia se revierta, porque no podemos ser felices entre infelices.

 

El cable a tierra

−Volviendo al grupo CREA, ¿seguís participando de las reuniones?

−En 2017 la cuestión se complicó porque fue un año electoral y la campaña es muy demandante, pero pasada la elección pude cumplir con todas.

−Más allá de lo empresarial, ¿crees que CREA le aporta algo a tu actividad política; y vos, al grupo?

−Yo creo que en este momento no estoy aportando demasiado al grupo, habría que preguntarles a ellos. Pero el CREA, además de ser sumamente comprensivo con mi situación, es mi cable a tierra. Sentirte entre pares, entre personas entusiastas que comparten tus mismos principios y valores, que buscan la excelencia, a mí me renueva, me enriquece y me eleva.

Realmente son momentos que disfruto, porque la política en sí tiende a deshumanizarte y a nivelar para abajo. Quienes te consideran una amenaza o comulgan en otros espacios políticos a menudo buscan descalificarte; es un ambiente hostil. Asistir a una reunión CREA implica dedicarle un día a la actividad, a la profesión. Es un día que me obliga a conectarme con lo que pasa en el grupo y en la empresa.

CREA te ayuda a ser mejor en todos los órdenes de la vida. Siempre que estés dispuesto a compartir, a comprometerte y a abrir las tranqueras de tu casa y de tu corazón.

 

Su experiencia como vocal

Paula Mitre describe su experiencia como vocal de la zona Norte de Santa Fe –desarrollada entre septiembre de 2011 y junio de 2014− como inolvidable. “Atesoro esa experiencia como una de las más gratas de mi vida. Tengo amigos en todo el país gracias a esa función, ya que nos mantenemos en contacto y cuando nos vemos es como si no hubiera pasado el tiempo. Porque eso es CREA: es ser parte de una familia”, relata, al tiempo que rescata el rol de la mujer en estos espacios: “Aportamos una mirada diferente y nos complementamos perfectamente bien con nuestro pares”.

 

La nota forma parte de la edición de abril de la Revista CREA

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