10 de marzo de 2021

Cómo transformar un problema en una solución

Uso agronómico de compost en una empresa del CREA Corralero.

En la empresa Agropecuaria La Criolla los residuos generados en el feedlot con una capacidad instantánea de 25.000 cabezas, lejos de representar un problema, constituyen una solución.

La firma, localizada en Fortín Olavarría (partido de Rivadavia; Buenos Aires) e integrante del CREA Corralero (Oeste Arenoso), decidió realizar una importante inversión orientada a realizar una gestión ambiental sostenible que se paga con creces por medio del recupero de nutrientes aportados a cultivos.

Agropecuaria La Criolla, que, además del corral de engorde, cuenta con unas 5000 hectáreas agrícolas, dispone de dos palas mecánicas, tres camiones volcadores y una batea dedicados a la extracción de purines de los corrales.

Los bordes de los corrales, donde se concentran los residuos con mayor proporción de humedad, son removidos con una pala mecánica hacia un sistema decantador de sólidos que permite derivar los líquidos a lagunas impermeabilizadas. “Cada corral cuenta en la parte trasera con canales diseñados con piedra caliza compactada, de manera tal que ningún desecho líquido toma contacto con la napa freática”, explica Eber Pires.

Los purines se colocan en un sector de compostaje, los cuales son removidos por un equipo volteador de compost –el cual es accionado por un tractor– y luego emparejado por medio de una motoniveladora.

Se realiza un control regular de la temperatura de las diferentes filas de compost, por medio de un termómetro de 50 centímetros de largo, para hacer un seguimiento de las fases del proceso que garanticen un adecuada pasteurización e inhibición de las semillas de malezas.

Para la aplicación del compost, una vez madurado, emplean una estercolera que, si bien tiene una capacidad total de 30 de toneladas, nunca se carga con más de 22 toneladas para evitar compactar el suelo.

“Comenzamos a aplicar el compost en los lotes aledaños al feedlot, pero luego nos fuimos alejando hasta llegar a lotes que están a nueve kilómetros de distancia del corral; la meta es que todos los lotes agrícolas del establecimiento reciban el material”, comenta Eber.

Cada lote recibe entre 20 a 23 toneladas/ha de compost tal cual, que por lo general se aplica luego de la cosecha gruesa. Si el clima lo permite, se intenta aplicarlo lo más cercano posible a la fecha de siembra de cultivos de invierno, de manera tal de aprovechar el nitrógeno disponible en el compuesto.

Para realizar el análisis económico del compostaje –que incluye la amortización de la maquinaria y el costo de conservación de los equipos–, se procede a computar a la actividad ganadera el costo de limpieza de los corrales y el traslado de los purines hasta una distancia de 1000 metros de los corrales, mientras que la actividad agrícola debe hacerse cargo del costo relativo al traslado posterior a los 1001 metros de distancia, el proceso de compostaje y, por supuesto, la aplicación del material.

El análisis promedio de las diferentes muestras de compost aplicado indicó que la aplicación de casi 21.000 toneladas/ha de material tal cual es equivalente a 242 kg/ha de fosfato monoamónico (MAP), 48 kg/ha de urea y 28 kg/ha de yeso. Como la aplicación de esos nutrientes de origen químico es de 166 u$s/ha y el costo del aporte de compost a una distancia de 1,8 kilómetros del feedlot es de 81 u$s/ha, entonces el margen neto de esa actividad –considerando solamente el aporte de nutrientes– se calcula en 84 u$s/ha.

A partir del año 2016 en Agropecuaria La Criolla comenzaron a realizar ensayos para evaluar el impacto productivo del compost respecto de los fertilizantes químicos.

En 2016/17 se realizó un ensayos sobre un lote destinado a maíz con tres franjas: dos con 20 y 40 toneladas/ha de compost y otra testigo con 60 kg/ha de MAP. Las dos primeras registraron un rendimiento de 13.380 y 12.806 kg/ha, mientras que la testigo tuvo un rinde de 11.201 kg/ha.

En 2017/18 se llevó a cabo otro ensayo con siete tratamientos diferentes en un lote destinado a maíz temprano, donde el mayor rendimiento, con más de 13.000 kg/ha, se registró en el sector que recibió 60 toneladas/ha de compost + 100 kg/ha de urea. Al analizar los rindes obtenidos en los lotes de control que recibieron solamente urea, se observaron caídas significativas de producción, lo que evidenció el importante aporte de fósforo –entre otros nutrientes– provisto por el material orgánico.

“Nos preguntamos qué sucedería con una reducción del 20% de la dosis de urea y observamos que la productividad se redujo, con lo cual decidimos mantener la dosis completa de urea recomendada en función del análisis de suelo, dado que, a diferencia de lo que ocurre con el fósforo, aporte de nitrógeno del compost es más difícil de calcular”, apunta Miguel Vergara (gráfico 1).

En 2018/19 el ensayo se realizó sobre un lote destinado a cebada, donde se evidenció que el lote que recibió 22 toneladas/ha de compost + 100 kg/ha de urea generó un rendimiento similar al sector que recibió esos mismos componentes más 80 kg/ha de MAP, mientras que el lote que recibió 100 kg/ha de urea y 80 kg/ha de MAP rindió bastante menos (gráfico 2).

“Los datos nos mostraron que, gracias al compost, podemos dejar de aplicar MAP, salvo en los maíces tempranos, donde incorporamos 60 kg/ha como arrancador”, afirma Miguel. En la presente campaña 2020/21 están realizando un ensayo en un lote de soja de primera.

Agropecuaria La Criolla, a partir de experiencias estudiadas en feedlots brasileños y estadounidenses, comenzó también a compostar cadáveres bovinos, dado que, si el proceso se realiza de manera adecuada, es posible también emplearlo como enmienda para lotes agrícolas.

“Esta práctica, además de ser ecológica y sanitariamente aconsejable, permite hacer una gestión óptima del terreno porque, en lugar de destinar un sector como cementerio permanente, se emplea al mismo como generador de un recurso agronómico”, explica Pía Barros Barón.

La empresa cuenta con un protocolo específico para proceder a retirar y trasladar cadáveres hasta un playón acondicionado de 0,89 hectárea en el cual se realiza el compostaje, el cual está localizado sobre una loma rodeada de una cortina forestal que contribuye a evitar la dispersión de malos olores. “Contamos con un freatímetro, muy próximo a esta zona, para el control de la calidad periódica de la calidad del agua subterránea”, apunta Pía.

El playón cuenta con una estructura de hormigón con bordes de contención para evitar derrame de efluentes líquidos, en el cual se hace el compostaje de los animales recién llegados; posteriormente, las pilas más avanzadas son movidas a las zonas aledañas. También tiene un semidecantador y una fosa donde se recolectan los efluentes líquidos del proceso de compostaje. “El proceso de compostaje se extiende por unos ocho meses y, tal como sucede en el caso de los purines, requiere un monitoreo sistemático”, concluye Pía.

El artículo completo puede leerse en la última edición de la Revista CREA.

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