17 de mayo de 2018

Bioenergía

Experiencia en el norte cordobés con una planta de biogás propia

Los inicios

Doce años atrás, Luis Picat –actual presidente de la Sociedad Rural de Jesús María– comenzó a producir cerdos con el propósito de transformar en origen la mayor cantidad del grano producido en el norte cordobés. Por entonces, probablemente no imaginaba que gracias a los porcinos, se iba a transformar en un productor de energía.

La granja porcina El Cebil, que comenzó en 2006 en la zona de San José de la Dormida con 250 madres, tiene actualmente poco más de 1000 en un esquema de producción de ciclo completo.

Tres años atrás, Luis comenzó a analizar diferentes modelos de plantas de biogás –específicamente sistemas de generación de metano a través de la digestión de efluentes porcinos– para evaluar el más conveniente en función de las características del mercado argentino, dado que las unidades “llave en mano” tienen un costo demasiado elevado para el bolsillo local.

“En Australia visitamos un digestor a base de lagunas cubiertas, mientras que en Alemania evaluamos un digestor con tanques de acero, donde usaban silo de maíz para aumentar la cogeneración; finalmente, en Brasil pudimos ver un modelo tipo alemán, pero adaptado a los costos latinoamericanos; ese fue el modelo que trajimos a El Cebil”, explica el empresario cordobés.

La planta de biogás consiste en un tanque de hormigón con capacidad para recibir 100 metros cúbicos de efluentes por día que permiten producir en forma continua 140 kilovatios por hora (lo que posibilitaría cubrir hasta un 75% del consumo total de energía eléctrica de la granja porcina).

La obra –que se extendió por el curso de un año– requirió de un amplio movimiento de suelo (el digestor se encuentra tres metros por debajo), además de la construcción de un tanque sobre la base de una estructura de hierro, ladrillo block y piso de hormigón; una membrana de aislación por dentro alrededor de la pared, y por último, el cierre con una membrana preparada para rayos UV.

“Encarar una obra de esta envergadura por cuenta propia resultó complejo, porque exigió implementar dispositivos de entrada y salida de efluentes, de ingreso de oxígeno, removedores, visores y cámaras de acceso y de efluentes, entre otras especificaciones. “Uno de los puntos críticos fue la instalación de una red de cañerías para agua caliente, que tiene la finalidad de elevar la temperatura del caldo de efluentes a 38 °C, un aspecto fundamental para el desarrollo de las bacterias encargadas de producir metano”, indica Luis.

Finalmente, el pasado mes de marzo la planta de biogás de El Cebil logró generar energía eléctrica. “En menos de cinco días de llenado, el tanque comenzó a generar gas para inflar la membrana, formando la típica cúpula que presentan estas instalaciones. Unos 15 días después, se tomaron muestras que arrojaron un contenido de metano del 68%, muy por encima de nuestras expectativas iniciales”, señala el productor. Un mes después se puso en marcha el motor-generador (Scania de seis cilindros con una capacidad de generación de 220 kilovatios/hora).

“Por el momento, estamos usando el equipo durante 12 horas en la banda horaria que va desde las 12 hasta las 0 horas; esto nos permite lograr un ahorro del 70% de todo el consumo eléctrico de la granja”, agrega.

Una vez estabilizada la producción de energía a partir del biogás generado con purines porcinos –los cuales deben tener un mínimo de 6% de materia orgánica para alimentar de manera adecuada a las bacterias–, procederán a estudiar la posibilidad de emplear otros residuos provenientes de ámbitos agroindustriales.

Entre los aspectos críticos por considerar al momento de encarar la gestión de una planta propia de biogás –según explica Luis–, se incluye la necesidad de presupuestar el trabajo de un operario a tiempo completo que se ocupe de los procesos propios de la unidad bioenergética. “Con los actuales precios de la energía eléctrica, estimamos que la inversión total realizada en la planta de biogás va a ser amortizada en un plazo de cuatro años”, proyecta el empresario.

“La huella de carbono de nuestra producción porcina es de 2,95 kilogramos de dióxido de carbono equivalente (CO2eq) por kilo de cerdo vivo. El biodigestor reduce ese indicador en un 16%, además de disminuir olores, limitar en una proporción de ocho veces el concentrado de materia orgánica y mejorar la calidad del fertilizante que resulta como subproducto sólido”, asegura. Además, la empresa participa del Programa de Buenas Prácticas Agropecuarias implementado desde el año pasado en la provincia de Córdoba.

 

Integración

En 2012, con el objetivo de dar un paso más en la generación de valor local, Luis montó en Colonia Caroya un frigorífico porcino de doble ciclo (faena + despostada) con una capacidad total de procesamiento de 500 animales por día. El año pasado, esta industria participó en la experiencia de envío de los primeros embarques argentinos de carne porcina al mercado ruso.

Además de ofrecer servicios de faena a terceros, el frigorífico porcino (Qualitá) abastece de manera directa –con cortes propios– a negocios minoristas y cadenas de supermercados de las principales ciudades de Córdoba, además de otros centros urbanos de Santa Fe, La Rioja, Catamarca y Mendoza.

El año pasado comenzaron a construir una nueva granja porcina en la localidad cordobesa de Candelaria Sud, con una capacidad total de 1000 madres, destinada a producir en un marco de esquemas asociativos con productores de la zona. Allí los productores podrán emplear el servicio de engorde de capones con la posibilidad, en caso de contar con su propio maíz, de venderlo a la granja con una bonificación adicional sobre el valor pizarra de Rosario.

El esquema asociativo, además de crear una nueva unidad de negocios porcina, permitirá a los empresarios de la región transformar sus granos en carne sin necesidad de inmovilizar capital para lograr ese propósito. Este nuevo emprendimiento, junto con los demás, tiene como meta consolidar la creación de un gran polo de desarrollo porcino en el norte de Córdoba, orientado a generar riqueza a partir de la producción agrícola local.

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