12 de marzo de 2021

“Avizoro un Movimiento CREA mucho más diverso”

Cuál es el rumbo que debería asumir la institución para mantener su relevancia, según Michael Dover, presidente de CREA.

Mi familia llegó a CREA en 1973, tras integrarse al grupo Arroyo del Medio de la zona Norte de Buenos Aires. Mi madre, eventualmente, heredaría un campo en Pergamino, que venía de dos generaciones de gestión familiar. Por aquel entonces, mi padre trabajaba en Ford, y mi abuelo lo había invitado a pensar cómo podía integrarse a la empresa. 

Después de haber vivido muchos años en el exterior, papá tenía una visión empresarial, aunque su mirada no estaba vinculada al agro. Sin embargo, pronto empezó a armar equipo y lo fue profesionalizando hasta que al final, el agrónomo que asesoraba a la empresa le dijo: “Lo que vos necesitás es sumarte a un grupo CREA”.

Así fue que yo, desde muy chico, empecé a vivir el espíritu de las reuniones mensuales, viendo cómo, por un lado, mi padre se enriquecía por el hecho de pertenecer a la red, mientras aportaba al grupo el valor que él traía al provenir de otro ámbito. 

Michael Dover, quien preside la institución desde 2019, es ingeniero agrónomo recibido en la Universidad de Buenos Aires y posee un máster en Administración de Empresas en la Universidad de Cornell (EE.UU.). En esta nota, nos ofrece sus vivencias como integrante del Movimiento y su visión acerca del rumbo que debería asumir la institución en los próximos años.

 

−¿Cómo fueron esos primeros tiempos en CREA? 

Justo cuando mi padre estaba logrando poner en régimen la empresa, falleció, a la edad de 50 años. Yo me encontraba cursando el segundo año de la carrera de Agronomía y nadie más en la familia estaba en el tema. Mi madre tenía entonces 47 años, pero no estaba tan involucrada, entonces nos preguntamos: “¿qué hacemos?” Inmediatamente dije: “Dejo la facultad, nos rearmamos”.

Contrariamente, el grupo nos aconsejó de la siguiente manera: “La mejor inversión que puede hacer hoy tu empresa es que tu hijo termine de estudiar. Nosotros te vamos a ayudar a reorganizar el equipo; vas a tener que contratar un administrador externo y reforzar el directorio con otros familiares para que les marque el rumbo”.

Fue la pertenencia al grupo lo que facilitó ese proceso de transformación. En general, siempre que uno intenta definir cuál es el valor de estar en CREA, una primera respuesta puede obtenerse al comparar datos técnicos; sin embargo,es en estos momentos en que ocurren cosas importantes en la vida, cuando realmente se aprecia el real valor del Movimiento en acción.

 

−¿Y qué pasó después?

Terminé de estudiar y mi madre seguía sin contratarme. Así que trabajé en otras empresas, hice una maestría en el exterior, y luego hubo un paréntesis en mi vida que me condujo al Marketing y a la Gerencia General en el ámbito del consumo masivo. Trabajé en Puerto Rico, Venezuela, Cincinnati y San Francisco. Estuve 14 años fuera del país, pero, bueno, uno siempre tiene el sueño de volver…

A mi regreso empecé a buscar trabajo en otras empresas. Aún no estaba firme la idea de trabajar directamente en la empresa familiar, pero sí de desempeñar algún rol en el directorio. A la vez, empezamos a pensar en la transición a la próxima generación, ya que somos cuatro hermanos y ya había 11 sobrinos.

Después de incursionar en otros rubros, volví a la empresa familiar en el año 2009 y me di cuenta de que un montón de temas de la agenda no avanzaban a la velocidad que necesitábamos.

Como misión, nos propusimos, entonces, abordar tres grandes ejes para desarrollar la empresa que nos imaginábamos: en primer lugar, hacer crecer el negocio para que fuera atractivo para la próxima generación. En estrecha vinculación con esta primera cuestión, teníamos, además, que volverlo atractivo para la comunidad, ya que de lo contrario, no conseguiríamos gente que quisiera trabajar ni la licencia social para hacerlo. En tercer lugar, queríamos ver cómo podíamos incidir de alguna manera en las políticas públicas. Así fue que surgió la idea de ser presidente de mi grupo. Al ser CREA una institución que contribuye al desarrollo del país, nos parecía una buena forma de empezar a transitar ese camino. 

Así fue que empecé a descubrir las oportunidades presentes y a reconocer la diversidad y el valor de los miembros que había en la región, personas que tal vez tienen tus mismos problemas pero los encaran de manera totalmente diferente, otros CREA… Tomé lo mejor de todos y lo llevé a mi grupo y a mi empresa.

Uno de los temas que más me preocupaban era que nuestro grupo estaba muy planchado, todos muy parecidos en edad, muy cómodos, con muchísimos años dentro del Movimiento. Nuestras reuniones se parecían cada vez más a un encuentro social que a uno de trabajo. Cada vez que se proponía la posibilidad de que ingresara un nuevo candidato, siempre se le encontraba la quinta pata al gato. Particularmente, considero que el gran peligro que enfrenta el miembro CREA una vez que se suma a un grupo es quedarse en la zona de confort. Una de las grandes fortalezas de esta forma de trabajo es la construcción de confianza, pero el problema con esa confianza es que, a veces te limita, y en exceso, para abrirte al entorno, a la diversidad.

 

−¿Y cómo lo resolvieron?

Para mí, la clave para el buen funcionamiento de un grupo consiste en mantenerse jóvenes, refrescarse, mantener la mente abierta, de allí la importancia de la renovación. La antigüedad de un grupo está determinada por el ingreso de su último miembro, porque ese nuevo integrante genera otra dinámica. Ahora, la incorporación de un miembro al grupo no debe producirse sobre la base de lo que éste aporta en términos de conocimiento, sino sobre la base de las preguntas y desafíos que nos va a plantear. La llave al conocimiento es siempre una buena pregunta.

Durante el período en que presidí el grupo fue muy difícil crecer, lo que me generaba una gran frustración. Tiempo después ingresaron nuevos miembros por una sucesión de un campo y empezamos a ver que hacían preguntas buenísimas. A veces parecían obviedades, pero al tratar de responderlas te dejaban sin palabras. 

Luego, el final de mi mandato como presidente coincidió con el vencimiento del mandato del vocal de la región, quien me planteó el desafío de reemplazarlo. Y como en la empresa no teníamos aún una mejor idea para incidir en nuestro entorno, me pareció una gran oportunidad.

Atravesé la vocalía y ahí despertó la idea de empezar como región y como grupo a involucrarnos mucho más en la comunidad. Fue la época en que comenzaron a aparecer los nodos regionales. Tenía esa idea en mente cuando Alejandro Blacker, quien estaba asumiendo como presidente de la institución, me invitó a sumarme al equipo de la Comisión Ejecutiva. Fue otra gran sorpresa y una gran oportunidad que continuó abriendo mis ojos y forjando mi desarrollo personal. 

Como directivo del equipo, primero me involucré cuatro años en el Área de Investigación y Desarrollo, y más tarde, dos años en Metodología y Desarrollo Personal. Fue una experiencia increíble. Todo lo que hago en mi empresa lo aprendí del Movimiento, del grupo, de la región y de involucrarme en la actividad de la sede. Hoy la visión de mi empresa y la de CREA son inseparables.

 

−En el 60˚aniversario deCREA, ¿cómo estima que será el devenir del Movimiento en los próximos años? 

−Desde los fundamentos, considero que CREA tiene hoy más relevancia que nunca: una organización con un propósito claro que ve en la diversidad un valor, que posee una estructura colaborativa horizontal y trabaja en red abierta con otros generando conocimiento público (de código abierto), de manera similar a lo que es hoy la “industria del conocimiento”. Es una entidad con una voluntad de trascendencia, que excede a la de sus integrantes, con una mentalidad que sitúa a lo colectivo por encima de lo individual. Porque no se trata únicamente del desarrollo de las empresas miembro, sino también de mejorar simultáneamente todo el entorno de la comunidad y del país. El foco dual que implica una mirada hacia adentro y hacia afuera potencia la visión, la hacen completa.

Hasta aquí, dos claves del éxito de CREA han sido el foco en la escala humana y los valores compartidos. En CREA se mira primero a la persona y luego a la empresa. Esa luz sobre la persona ha permitido mantener la escucha, el diálogo y el desarrollo de los individuos por encima de las estructuras institucionales. Es de este modo que se logra armar y avanzar en temas de agenda. Por otro lado, el respeto y el cuidado de nuestros valores nos permiten construir confianza y encarar los desafíos con otros. Nuestra institución está muy bien diseñada para encarar proyectos diversos y complejos, tales como la actividad agroindustrial y los grandes temas de agenda del mundo. 

Hacia adelante, hay muchas cosas por cambiar. Con respecto a los “qué” estamos bastante alineados, resta repensar muchos de los “cómo”. Por ejemplo, nosotros le damos mucha importancia a la relación“cara a cara” o a algunas formas y ceremonias, pero a veces, las nuevas generaciones pueden considerarlas una ineficiencia… 

Si uno se detiene a observar el mundo advierte que los cambios son cada vez más vertiginosos, que todo está mucho más interconectado, por ende, es un mundo considerablemente más complejo. La cuestión es ver cómo nos adaptamos a los nuevos tiempos. 

Para lograrlo, nos encontramos trabajando en tres proyectos interdependientes que consideramos clave para sortear este desafío. El primero es “Propuesta de valor”, que apunta a entender mejor al miembro CREA, qué cosas le aportan valor y qué cosas no (las definiciones de cerebro y corazón). Luego está el proyecto “Nuevo ecosistema CREA”, que busca definir cómo organizarnos mejor para que el valor de la red supere al de la estructura, logrando interconectarnos hacia adentro y hacia afuera para relacionarnos de una manera más efectiva con el sector y el país (la estructura ósea que necesitamos). Por último, está la “Transformación digital”, un nuevo modelo de negocios potenciado por las tecnologías digitales, que procura generar valor para el miembro CREA a partir de decisiones basadas en datos y en el seguimiento de comportamientos, en lugar de hacerlo a través de las tradicionales encuestas (el nuevo sistema nervioso que debemos promover). Incorporar los aprendizajes en estos tres frentes nos permitirá generar una organización más valiosa, efectiva y eficiente para todos los miembros, independientemente de su diversidad e intereses. 

 

−Se trata de repensar cómo trabajamos e interactuamos con otros…

−Uno de los interrogantes que se plantean habitualmente está vinculado a una dicotomía: ¿El Movimiento debe trabajar fundamentalmente hacia adentro y para el miembro, o hacia afuera y para el país? Y yo creo que tenemos que demostrar, si somos coherentes con la Misión y la Visión de CREA, que ambos objetivos van de la mano.

Mucha gente no comprende aún que el éxito individual depende siempre del éxito colectivo. No terminan de aceptarlo y no le dedican tiempo. Y cuando otros se lo dedican –la Sede CREA y las regiones tienen muchos programas orientados a trabajar con otros− lo ven como algo menos valioso. 

Hay que empezar a pensar en el mediano y largo plazos porque si uno se queda en la coyuntura todas las discusiones suman cero. Cuando, en cambio, se piensa con faros largos, surgen temas para trabajar, tales como el rejuvenecimiento de los equipos de trabajo, la incorporación de nuevas tecnologías, las nuevas tendencias, hacia dónde va el mundo… Agrandamos la torta de posibilidades y generamos soluciones innovadoras focalizadas en la demanda (los consumidores, los países importadores, nuestros vecinos en las comunidades donde producimos).

Esto sólo se va a arreglar trabajando con otros, por eso hay que dedicarle tiempo, materia gris y recursos a lo que sucede tranqueras afuera. Ese es el gran desafío que tenemos como país. La institucionalidad está en crisis en la Argentina y en el mundo, porque muchas de las instituciones en que hoy nos apoyamos fueron creadas para enfrentar otros desafíos. Muchas de las instituciones actuales se crearon en contextos de guerras mundiales y crisis económicas sectoriales específicas; hoy, en cambio, los grandes temas son la desigualdad en los ingresos y en la educación, la situación de los migrantes y refugiados, el cambio climático… Se trata de cuestiones complejas que no son exclusivas de un sector o de un país, y por lo general no contamos con un ecosistema adaptado para trabajar en soluciones de esta índole. 

 

−¿Eso implica también incidir en políticas públicas?

−Si queremos transformar nuestras empresas y nuestro entorno tenemos que trabajar con otros –universidades, instituciones técnicas, organizaciones públicas y privadas y personas de miradas diversas− para incidir en políticas públicas que generen soluciones sostenibles para los ciudadanos en su conjunto. En este sentido, advertimos una gran oportunidad en el sector privado. 

Siempre hemos pensado que el Estado no genera las condiciones necesarias para trabajar y ser competitivos, pero muchas veces no hemos sido lo suficientemente claros al articular qué es lo que necesitamos o cuál es la visión que, desde lo privado, tenemos de respecto de determinado tema. 

Los tres grandes dolores que hoy enfrenta el sector agropecuario son la imagen, la competitividad de la cadena como un todo, desde la producción hasta la comercialización, y el desarrollo local. Producimos mucho, somos muy eficientes, generamos trabajo, pero eso no se traduce necesariamente en mejoras en las condiciones de vida de la gente de nuestras comunidades. Estos son los temas que tenemos que debatir y consensuar en el ámbito privado para generar una visión de mediano plazo y ver cómo esa mirada puede sumar al país. 

 

−Adaptarse a los nuevos tiempos, ¿es condición suficiente para mantener la filosofía CREA?

−CREA es una organización de personas para personas que comparten información y experiencias para poder mejorar, y precisamente uno de los grandes temas que estamos redescubriendo es la dimensión humana como rasgo central y distintivo. 

Siempre se consideró que la célula madre de CREA era el grupo, y si bien es importante, tenemos que mirar dentro de esa unidad para comprender al miembro. Porque los grupos son espacios o cosmovisiones que involucran a personas muy diversas. Por lo general, cuando uno decide unirse a un CREA lo hace porque comparte un objetivo común. Sin embargo, al llegar a cierto estadio, puede ocurrir que los temas que más nos preocupan y los que realmente mueven la aguja de nuestras empresas no sean necesariamente compartidos por los demás miembros del grupo. 

Entonces, tenemos que encontrar la manera de que los integrantes del Movimiento no sólo estén siendo servidos a través de su grupo, sino también, y muy eficientemente, por la red, tanto en lo que refiere a la región, a la Sede CREA, como por otros socios de la red extendida. Por eso, hacia adelante pensamos en un Movimiento mucho más ágil, diverso, interconectado y con menos intermediarios para que cada miembro pueda encontrar ideas y soluciones a su medida. Sin dudas, se trata de un gran desafío…

 

−¿Estima que CREA se va a abrir a la incorporación de nuevos perfiles? 

−Yo avizoro un Movimiento mucho más diverso. Y no sólo en términos etarios, aunque está claro que si uno no incorpora en su empresa a las nuevas generaciones o a miembros más jóvenes en su grupo comienza a envejecer y, eventualmente, pierde relevancia. Pero, además, creo que vamos a estar abiertos a distintas actividades productivas o de servicios. A menudo, el productor pequeño no tiene un sólo trabajo, cuenta con el campo, pero también desarrolla otras actividades, quizás un comercio… 

Y con esa diversidad de pensamiento me puedo imaginar distintos tipos de membresías (de estudiantes, de gente involucrada en proyectos sociales, etcétera) y una red que se potenciará cada vez con más gente y más temas. Una red en ebullición que genere más y más valor.

En este sentido, la función que cumple la Sede CREA es valiosa porque, además de tener un rol administrativo, hay recursos y temas que es mucho mejor que se gestionen a nivel nacional que regional. Por otro lado, disponer de un lugar físico donde reunirse con otros es muy importante.

Muchas veces se considera a la sede como si se tratara únicamente de un edificio y un grupo de personas que están un poco lejos de lo que uno necesita. Hay que encontrar la manera de que siga aportando valor sin estar tan presente en la discusión. Hay que encontrar nuevas alternativas de uso para acercar al campo-ciudad y al campo-personas con soluciones de otros sectores. Ese es otro tema que tenemos que empezar a abordar. 

 

−¿Qué nuevas destrezas debería incorporar el asesor CREA?

−El asesor es un jugador clave, porque está al lado del miembro CREA. No sólo escucha lo que dice y pregunta, sino que también ve lo que hace y lo que no hace. Fundamentalmente podemos identificar dos roles muy importantes: el del community manager, que gestiona y promueve grupos productivamente diversos, al detectar las necesidades emergentes y los temas clave que hay que poner sobre la mesa. Es, además, el que hace las preguntas difíciles, el que planta la bandera siempre un poco más allá y nos desafía constantemente, un facilitador en este proceso de gestionar el conocimiento.

Y en este mundo tan complejo e incierto, sus capacidades se van a ver estimuladas al límite. Probablemente, su habilidad como facilitador que identifica y prioriza demandas y oportunidades sea incluso más importante que la posibilidad de dar respuesta, ya que es probable que esa respuesta venga de otro lado. Como Movimiento, tenemos que ofrecerles cada día más herramientas, contenerlos y apoyarlos en este viaje y transformación que estamos atravesando.

 

−¿Cómo creés que va a influir el cambio tecnológico en la dinámica de la reunión CREA, en la interacción entre los grupos y entre las zonas? 

−Lo presencial tiene un valor enorme para la construcción de relaciones de confianza, para los intercambios casuales y para la serendipia (descubrimiento accidental o afortunado). Sin embargo, durante el último año aprendimos a la fuerza, que es posible trabajar de otra manera. 

Un censo realizado hace cinco años mostraba que para el 50% de los miembros, la vida CREA se reducía al día de la reunión. Ese día se bloqueaba y se le ponían todas las fichas, aunque después se desaprovecharan muchas cosas que podrían haberse compartido durante el mes. Luego, la aparición de Whatsapp empezó a permitir que se generara cierta dinámica por fuera de la reunión.

A futuro, lo ideal sería mantener una interacción más continua con la red y a través de reuniones híbridas, pero para eso tenemos que cambiar el chip. No se trata de que todo lo que antes era presencial se realice en forma virtual, sino de establecer una agenda con algunas reuniones presenciales y otras virtuales que tengan objetivos diferentes. Hay que desglosar cuáles son esos objetivos y cuál es el medio de comunicación más efectivo en cada caso. 

Si trabajamos en este sentido a nivel de grupo, de región y de sede vamos a dar un salto muy importante en términos de comunicación y de generación de valor para el miembro. Vamos también a reducir simultáneamente el costo de participar de la red. Porque uno de los insumos más caros es nuestro tiempo. Nosotros estimamos que para hacer funcionar al Movimiento se necesitan aproximadamente 7000 horas de voluntariado por mes, entre la preparación de la reunión con el asesor, el presidente que concurre a la reunión de presidentes o ayuda a organizar una jornada a campo, un congreso regional, el tiempo de los ejecutivos, de los vocales y de los representantes en las comisiones técnicas, etcétera. Son muchas las horas invertidas, tenemos que ver cómo optimizar ese tiempo.

El avance tecnológico involucra también una generación de grandes cantidades y nuevos tipos de datos a través de sensores en maquinaria, del uso de drones y de todo lo que implica la robótica en la producción. Ahora, nosotros, como productores y como institución tenemos que sentarnos a pensar cómo vamos a jugar ese partido y cómo vamos a aprovechar todo el conocimiento generado. 

La tecnología tiene mucho para aportar pero también nos invade y nos absorbe, por lo que la necesidad de no perder el foco es muy grande. Decidir cómo la abrazamos y cómo la canalizamos también va a demandar muchísimo tiempo de pensamiento humano, astucia y trabajo conjunto.

 

 

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