26 de junio de 2019

“Al menos un 30% de la producción argentina de maíz se generó a partir del efecto de la napa”

El uso de agua subterránea presenta ventajas pero también peligros para la producción agrícola

“En la campaña 2018/19 estimamos que al menos un 30% de la producción argentina de maíz se generó a partir del efecto de la napa”.

Así lo Esteban Jobbágy, investigador superior del Grupo de Estudios Ambientales del Instituto de Matemática Aplicada de San Luis (IMASL-CONICET-UNSL), durante una exposición realizada esta semana en curso de FundaCREA Agrícola 2019.

“Estamos acostumbrados a hacer balances para muchas cosas y es necesario hacerlos también con el agua”, explicó en referencia a la dinámica del recurso en función de las precipitaciones, escurrimientos, flujos verticales y laterales de la napa y evapotranspiración, entre otros factores.

Jobbágy advirtió que a medida que las napas freáticas se vayan acercando a la superficie los problemas de salinidad en agua comenzarían ser más frecuentes en muchas localidades.

El grupo de investigadores coordinado por Jobbágy está llevando a cabo diferentes estudios para determinar los niveles de tolerancia a salinidad de los principales cultivos. “Cuando me informan la profundidad de napa en una localidad, el siguiente dato crucial que debemos conocer es si la napa está bajando o subiendo porque esa dinámica incide en los niveles de salinidad del agua”, explicó.

El investigador dijo que, frente a procesos de salinización de sectores bajos de los campos, la mejor estrategia de acción consiste en intervenir en los mismos antes de que comiencen a afectarse los rendimientos agrícolas.

 “Mucho antes de llegar a ver una soja de 2000 kg/ha en sectores salinizados, podríamos sembrar agropiro o grama rhodes, especies tolerantes al anegamiento y la salinidad que pueden generar biomasa en las áreas afectadas”, aconsejó.

Frente a las nuevas exigencias relativas a intervenir paisajes agropecuarios –como el Plan Agroforestal en la provincia de Córdoba que impone la obligación de forestar al menos un 2% de la superficie de los campos en un plazo de diez años– Jobbágy dijo que es necesario hacer un seguimiento científico de las mismas para evaluar cómo inciden en la napa freática y la calidad del agua subterránea.

“Existe una demanda creciente, por parte de la sociedad, para que hagamos agronomía del paisaje, pero es importante que eso no se haga a ciegas”, concluyó.

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