Lo mejor del Congreso Tecnológico CREA 2011-Tercera parte

El sector agropecuario argentino llegó a ser uno de los más competitivos del orbe porque, en su momento, la mayor parte de sus integrantes había logrado instrumentar los cambios necesarios para aprovechar oportunidades
Insumos
"La industria biotecnológica está muy avanzada en el desarrollo de eventos con tolerancia a estrés abiótico; para aquellos que venimos de la genética tradicional esto nos parecía una utopía, pero hoy sabemos que tenemos materiales disponibles que permiten lograr rindes 15% a 20% superiores en situaciones de estrés", indicó Federico Trucco, gerente general del Instituto de Agrobiotecnología Rosario (Indear). "También existen algunos eventos que permiten mayores eficiencias en el uso de nutrientes; en China se están testeando esos materiales, los cuales van a permitir generar valor a través del cobro de créditos de carbono", comentó. El costo de introducir una nueva molécula química en el mercado puede representar unos 220 a 230 millones de dólares y plazos de 10 a 12 años; esto implica que todo nuevo desarrollo, además de ser lento, debe tener un mercado global. "Por este motivo, son pocas las nuevas moléculas que llegan al mercado", dijo Santiago Norris, quien hasta 2010 se desempeñó como presidente de Nitragin Argentina S. A. y actualmente es director de Novozymes (compañía que recientemente adquirió el 100% de Nitragin a nivel mundial).
"Los productos biológicos son complementarios de los fertilizantes. En los últimos años, han comenzado a despertar un mayor interés de las empresas de agroquímicos y de fertilizantes", apuntó Norris, quien además es productor agropecuario y miembro del CREA Henderson-Daireaux.
"Esperamos un fuerte crecimiento del tratamiento industrial de las semillas versus la aplicación a campo: eso va a representar un paso muy importante para nuestra industria. Los fungicidas e insecticidas no van a ser reemplazados, pero con esto van a emplearse de una manera más eficiente y, en definitiva, más sustentable", explicó.
Por su parte, Julio Eduardo Delucchi, gerente de Desarrollo y Registro de Agroquímicos de Sinochem Argentina, dijo que los problemas de resistencia de enfermedades o de insectos van a tender a incrementarse por la dificultad existente para introducir nuevas moléculas al mercado de manera rápida. "Por ese motivo es importante tomar conciencia de la importancia del manejo correcto de los agroquímicos de uso actual", apuntó Delucchi, quien desde 2006 forma parte de la Comisión Nacional para la Prevención de Resistencias (Conapre).
"Un manejo correcto implica buenas prácticas agrícolas en su conjunto, con el respeto de las recomendaciones técnicas en lo relativo a operación de aplicación, dosis, momento de aplicación y frecuencia de uso", apuntó.
Huella de carbono
Frank Brentrup, responsable de la investigación ambiental en el Centro de Investigación Hanninghof de Yara Internacional, señaló que la determinación de la huella de carbono de los fertilizantes -desde la elaboración hasta la logística y aplicación- es un tema que en estos momentos está siendo evaluado por las principales compañías globales de nutrientes agrícolas.
Existen dos enfoques complementarios para medir la "huella de carbono". El primero de ellos es el organizacional, por medio del cual se pretende medir la cantidad de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) asociadas a una determinada actividad desarrollada por una empresa, sector económico o ente gubernamental. El Greenhouse Gas Protocol (GHG Protocol) es la metodología más empleada a nivel internacional para realizar inventarios organizacionales de GEI. Vale recordar que los seis GEI previstos en el Protocolo de Kioto son dióxido de carbono (CO2), metano (CH4), óxido nitroso (N2O), hidroflourocarbonos (HFC), perflourocarbonos (PFC) y hexafluoruro de azufre (SF6). La unidad de cuenta establecida para calcular las emisiones es la tonelada de dióxido de carbono equivalente (teq CO2). Por ejemplo: el metano (CH4) se contabiliza con una equivalencia 21 a 1; es decir: una tonelada de metano se contabiliza como 21 toneladas de CO2 equivalente.
El otro enfoque es el que trabaja sobre el ciclo de vida de un producto: abarca la originación de la materia prima, procesamiento, distribución, uso y disposición final. Es un cálculo bastante complejo porque debe considerar, además del producto en sí mismo, el envase y la disposición final de ese material. Si bien el nitrógeno tiene un impacto significativo en la emisión de gases de efecto invernadero, Brentrup explicó que la reducción de las aplicaciones de ese fertilizante tendría un impacto sustancialmente mayor en términos de huella de carbono, porque la consecuente caída de rindes agrícolas -generada por dicha reducción- obligaría a habilitar nuevas tierras para uso agrícola. "Tampoco es beneficiosa la aplicación de mayores cantidades de nitrógeno que las necesarias para obtener los rindes óptimos, dado que eso, al igual que la reducción, genera un impacto negativo en términos de la huella de carbono", comentó Brentrup.
Ganadería
Entre 2001 y 2008, en las provincias del norte del país, se desmontaron alrededor de 2,5 millones de hectáreas; más de la mitad de esa área corresponde a ecosistemas con restricciones hídricas (con un promedio de unos 300 milímetros anuales) que se destinaron al desarrollo de sistemas productivos ganaderos.
"Quiero derribar un mito: el desmonte de las tierras del norte no fue destinado en su mayoría a la producción de soja", indicó Germán Baldi, investigador asistente en el Conicet y profesor adjunto del Departamento de Geología de la Facultad de Ciencias Físico-Matemáticas y Naturales de la Universidad Nacional de San Luis (Unsal).
El investigador resaltó que la avanzada ganadera en el norte del país generó un mayor dinamismo en muchas ciudades y pueblos de dicha región. "La ganadería tiene un estado de arte, de compromiso del productor y del empleado que la agricultura hoy no brinda. También se observa que el productor empieza a invertir en infraestructura, con aguadas, potreros, alambrados y molino; también apuesta a las pasturas", apuntó Baldi.
Por su parte, Aníbal Pordomingo, investigador del INTA Anguil, recordó que los encierres de hacienda en la Argentina son de bajo rendimiento físico y energético. La conversión de alimento en carne suele ser mayor de 8:1 en planteos comerciales, cuando en países con mayor trayectoria en feed lot, ésta se encuentra por debajo de 6:1 en animales 150 kilos más pesados a faena. "La terminación o el engorde a corral surgió como alternativa a la cesión de miles de hectáreas ganaderas a la agricultura. La sensación es que estamos cómodos con lo aprendido en los últimos años. Pero estamos a medio siglo de distancia de otros países que hacen las cosas bien: deberemos recorrer esa distancia en menos de una década", señaló Pordomingo.
El investigador apuntó que, en general, los sistemas ganaderos intensivos emplean formulaciones muy simples basadas en granos enteros o poco procesados y con una baja diversidad de oferentes proteicos. La calidad de los granos, además, es variable y deficiente en la oferta de energía por carecer de una tipificación que permita comprar granos grandes dentados o semidentados. En su mayoría, los engordes basados en dietas secas utilizan fibras de muy mala calidad y baja palatabilidad con alta carga fúngica (con riesgo alto de presencia de micotoxinas). "La investigación requiere esforzarse en el desarrollo de granos de tamaño grande, tipo dentado, de endosperma harinoso y fácil quebrado por masticación, para maximizar la fermentación en rumen con el menor costo de procesado; además, es necesario generar materiales para silajes de fibras de alta degradabilidad ruminal, alfalfas de alta producción en ambientes marginales, tolerantes al glifosato y con menor riesgo de empaste", proyectó Pordomingo.
Potencial dormido
"Si lográramos que el 75% los productores con un nivel tecnológico bajo pasara al nivel medio, se podría incrementar la producción de carne actual en un 13% a nivel nacional; si el 50% de los productores en estado tecnológico medio pasara al alto, se podría aumentar la producción actual en un 11%", dijo Cristian Feldkamp, coordinador técnico de la Comisión de Ganadería del Movimiento CREA. "Es decir: sólo con la aplicación de tecnologías disponibles, se podría incrementar un 26% la oferta actual de carne vacuna", remarcó.
Ambiente
Los dilemas producción-ambiente se vuelven complejos y polémicos cuando levantamos la mirada más allá de nuestros lotes y comprendemos el papel que la porción de territorio que manejamos tiene sobre la generación, no sólo de productos, sino también de valores ambientales que reclama la sociedad a distintas escalas (desde la regional hasta la global). "Estos valores, a veces abstractos o confusos, otras concretos y cuantificables, y en ocasiones contrapuestos, dictan qué prácticas son consideradas ambientalmente buenas o perjudiciales a través de lo público y lo privado; en ambos casos, fuertemente influidos por los medios masivos de comunicación", dijo Esteban Jobbágy, investigador en el Grupo de Estudios Ambientales del Conicet y de la Universidad Nacional de San Luis. "Así, al deseo de un mundo más natural de un empleado en Ámsterdam que se preocupa por la pérdida de bosques que nunca visitó, se suma la alarma por el cambio climático de un político de Ottawa; estas demandas tienen eco en todas las ciudades, incluida la más próxima a nuestro lote. Por otro lado, llega a nuestro campo la demanda de productos: una familia del pueblo vecino intenta mantener su consumo de carne vacuna, mientras que otra de Beijing, que ingresa a la nueva clase media china, procura aproximarse al suyo", añadió. Las demandas ambientales exigen un conocimiento de los sistemas de producción que va más allá de lo estrictamente productivo. "La versatilidad de usos y manejos de la tierra que aporta la ganadería puede capitalizarse como un puente entre producción y ambiente. En ese sentido, podemos plantear dos actitudes hacia el futuro: esperar a que las demandas ambientales lleguen y procesarlas de la manera menos costosa posible o apostar desde hoy a estimular la discusión informada, buscando sinergias y oportunidades", indicó el investigador.
"Hoy la ganadería puede ofrecer un importante desarrollo en vastos sectores de la pampa deprimida que no sirven para la agricultura. Para eso debe plantearse un uso más inteligente y consistente del agua en la biomasa (forraje) que luego, a su vez, se transforme en carne. Ése es el gran valor de la ganadería desde la perspectiva ambiental hidrológica", concluyó Jobbágy. Por su parte, Fernando Miñarro, coordinador del Programa Pastizales de la Fundación Vida Silvestre Argentina (FVSA), apuntó que en los pastizales de la región pampeana argentina existe "una gran oportunidad para avanzar e integrar los dos objetivos: sustentabilidad e intensificación de la producción".
"Varios estudios señalan que aún existe un gran potencial de conservación en la región de los pastizales y que dicho potencial se encuentra principalmente en tierras que en su mayoría están bajo un uso ganadero extensivo. Tenemos así el desafío de alcanzar sistemas productivos ganaderos que sean cada vez más eficientes y rentables, y que al mismo tiempo conserven la biodiversidad y los servicios ambientales que brindan los pastizales naturales que los sostienen", añadió Miñarro, quien es uno de los responsables del trabajo "Buenas prácticas ganaderas para conservar la vida silvestre de las pampas: una guía para optimizar la producción y conservar la biodiversidad de los pastizales de la Bahía de Samborombón y al Cuenca del Río Salado" (realizado por FVSA, Aves Argentinas y Alianza del Pastizal con el apoyo del INTA).
Lechería
El creciente aumento mundial del consumo de lácteos registrado en los últimos años tiene, como contrapartida, una alta volatilidad en los precios de los insumos y los productos generados por el sector lechero. "Sin embargo, pese al mayor riesgo, las oportunidades potenciales que encierra el mercado mundial son enormes", expresó Torsten Hemme, presidente de International Farm Comparison Network, organismo con sede en Kiel, Alemania, dedicado a la investigación del sector lechero.Las proyecciones para los próximos 15 años -según Hemme- son sumamente alentadoras. En ese lapso, la población mundial pasará de 6800 a 7800 millones de personas y el consumo de lácteos crecerá de los actuales 700 a 900 millones de toneladas. "La Argentina produce anualmente alrededor de diez millones de toneladas de lácteos: imagínense lo que las cifras mencionadas podrían significar si sólo capturaran una pequeña parte de ese crecimiento", dijo Hemme. Por su parte, Marcos Gallacher, profesor del Centro de Estudios de Organizaciones y Productividad de la Universidad del CEMA, presentó un trabajo de análisis elaborado a partir de una muestra de unos 200 tambos integrantes de diferentes grupos CREA. Él mismo estudió la eficiencia técnica de las diferentes empresas (es decir: el cociente entre la producción real y la producción potencial que derivaría de aplicar los conocimientos y las prácticas que emplean las mejores empresas del rubro). "Si las empresas lecheras menos eficientes pudieran equiparse como las mejores, podría ganar entre 150 y 200 dólares adicionales por hectárea. Si se tiene en cuenta que el arrendamiento de la tierra oscila en torno a 300 dólares por hectárea, se concluye que una mayor eficiencia permitiría costear al menos la mitad del alquiler", señaló Gallacher